Otros locos maravillosos

11 de mayo de 2008

COMO NIÑA CON ZAPATOS NUEVOS


EL ATRAPASUEÑOS (Para el cuentacuentos. Publicado anticipadamente el día 8 de mayo del 2008 )

Perdona, ¿tienes hora? El autobús está a punto de llegar y no sé de qué color ponerme los zapatos. (Frase de Wannea)


—Perdona, ¿tienes hora? El autobús está a punto de llegar y no sé de qué color ponerme los zapatos. Estoy nerviosa… es que ayer me leyeron la mano y me dijeron que hoy iba a conocer al hombre de mi vida y bueno, me gustaría que me viese elegante. Por eso he elegido este traje de chaqueta y falda, pero los zapatos… Sé que por mi color de pelo me pegan éstos color zanahoria, pero para la primera cita los considero demasiado atrevidos. Además tengo una entrevista de trabajo y no los veo adecuados. ¿Verdad que no?-detiene momentáneamente su mirada en ellos y disiente.

Sin dar tiempo a que su compañero de parada responda, continúa pronunciando en voz alta con una locuacidad exasperante, lo que va pensando sobre cada uno de los pares de zapatos que lleva consigo.

—Tienes razón, de verdad, muchas gracias. Definitivamente no son los más acertados. ¿Qué tal los negros? El negro siempre es un color muy socorrido y elegante, pero… ¿no pareceré una azafata que ha perdido su avión o una viuda prematura? No me gustaría que se llevara un concepto erróneo de mí…-hace una pequeña mueca de disgusto con su boca.

El hombre intenta intervenir, pero ella le deja con la palabra en la boca, una vez más.

—¿Qué tal si llevo estos? Ni hablar-frunce el ceño al tiempo que se responde a sí misma—pareceré una buscona y seguramente en cuanto los vea no se acercará a mí o tal vez sí, pero con una segunda intención y no podré frenarle los pies. Entonces, ¿cómo distinguiré verdaderamente que él es mi hombre ideal sin ningún género de duda o si por el contrario está conmigo sólo por lo que mis zapatos le han dado a entender? Es una decisión importante y no puedo equivocarme. Quiero que él tenga muy claro que yo soy esa persona que tanto anhela en su vida y no de esa otra clase de chicas…

El caballero hace una nueva intentona por dar su parecer sobre tan crucial asunto, pero se ve otra vez arrastrado por la insultante verborrea de la chica y lo que es peor sin posibilidad de escapatoria, puesto que está empezando a llover copiosamente y no ha traído paraguas. Resignado, permanece en la parada, aunque intenta hacerse el despistado; pero la chica ajena al desasosiego de su oyente continúa con su insufrible perorata.

—Estos marrones son sencillos, cómodos y discretos, pero tan planos… pareceré demasiado baja a su lado y no haríamos buena pareja, porque él es alto y moreno… Con las parisinas me sucedería igual, así que quedan descartadas… Estos de aquí son mis favoritos-coge de nuevo del saco sin fondo, que parece su bolso, otro par de zapatos. Esta vez de un azul eléctrico que resulta ofensivo—pero no voy a ir comer a casa, puesto que él, como es lógico, me invitará a comer en un elegante restaurante italiano. Y a la tarde tengo un funeral… ¿Qué hago? No puedo decepcionarle así. Si no elijo los zapatos adecuados, él no sabrá que soy yo a quien tiene que encontrar…-rebusca nerviosamente y surgen como por arte de magia otro par de zapatos—Si me decido por estos, no me valdrán para la clase de bailes de salón que tengo hoy a las cinco. A la que por supuesto él vendrá a acompañarme, porque le encanta bailar, casi tanto como a mí.-mira nerviosa el panel electrónico que indica los horarios de cada línea de autobuses—¡Puf!-resopla—¿Tan tarde? No puede ser… No voy a llegar a tiempo, seguro que ha visto los zapatos a otra chica y ahora mismo está con ella en el bar donde nos conocimos, o donde nos conoceremos o donde nos deberíamos conocer… ¡Dios mío, me está poniendo ya los cuernos! O me los pondrá. ¿Estoy celosa o lo estaré o debería estarlo?... ¡Qué lío!... ¿pero por qué no llega ya el autobús? Justamente hoy que tengo tanta prisa, no aparece. Si no es la lluvia, es por las obras y si no por las huelgas.-busca la mirada del hombre como intentando encontrar la aprobación de sus palabras. El hombre torna la cabeza hacia el suelo, atemorizado ante la idea de que pueda alargarse aquella situación por mucho más tiempo, si decide confesar a la chica que en su fuero interno desea con la misma urgencia que llegue el autobús, aunque por diferente motivo, claro. Ella prosigue con sus cavilaciones cada vez más animosa—El caso es no llegar jamás a la hora exacta. Yo creo que lo hacen intencionadamente. A saber en qué estará pensando el autobusero, claro como no se está jugando su felicidad… No le importa en absoluto lo que pueda suceder a los demás. No se da cuenta de lo importante que puede resultar para cualquiera, que él llegue a cada parada a su hora, no cinco minutos antes o cinco minutos después. ¡Qué barbaridad!... ¿Cuáles me pongo?-hace un pequeño puchero y apenas interrumpe su monólogo durante la breve fracción de tiempo que dura un suspiro. El hombre busca desesperadamente entre sus bolsillos, pero el móvil no aparece por ningún sitio, para rescatarle. Se lo ha dejado en casa. La chica interpreta el gesto como una invitación a que siga buscando otros zapatos más acordes, como si el hombre estuviera realizando alguna imitación de sus propios movimientos. Así que persiste en su inusitada búsqueda—Estos parecen los de la Bruja del este; estos otros, en cambio, son tan delicados que parecen los de la Cenicienta, cuando salió precipitadamente del baile. No me sirven, porque no quiero que piense que los pierdo intencionadamente para que vaya casa por casa buscándome, se trata de que descubra por sí mismo que me quiere y yo a él, pero sin dejarlo tan a las claras, tengo que hacerme de rogar un poco… Tampoco me sirven porque aunque elegantes son extremadamente delicados y su fragilidad él la asociará enseguida con mi propia inseguridad.

Finalmente el autobús aparece un par de esquinas más abajo y la chica hurga en su improvisada zapatería y saca al azar otro par de zapatos. Mientras tanto el caballero se acerca con desesperada celeridad a la calzada, para coger cuanto antes el autobús y no coincidir con ella en el interior. La chica, por su parte, está tan absorta y tan contenta por poder coger el autobús que no se percata de nada y mucho menos de que se trata de zapatos de distinto modelo. Sube orgullosa los escalones del urbano y el conductor conteniendo a duras penas una carcajada le dice—bonitos zapatos, señorita—.

4 comentarios:

  1. jolineeeeees... te juro que la muchacha me ha puesto nerviosa hasta a mi. mientras que leía pensaba " pedazo de bolso que lleva, para que le quepan tantíiiisimos zapatos...." ... bueno, ya sabes, tonterías que piensan cuando uno se sumerge en la lectura.

    me ha gustado mucho y me lo he pasado bien leyéndote.
    hasta la próxima semana cuentista.
    un beso!

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  2. Jajajaja eso iba pensando yo también, cómo debía ser el bolso o carro que llevara para tal cantidad de zapatos!! Creía que iba a quedarse sola hablando mientras el autobús se iba, pero finalmente triunfa el surrealismo frente a los esquemas y seguro que causará una buena impresión!
    Como tu relato.Intenso y con buen humor que ya hace falta!!
    Un abrazo

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  3. Tanta emoción para intentar al hombre perefecto, cunado seguramente le encuentre haciendo deporte, paseando al perro, o vete tu a saber.

    Lo que importa no es como vayas vestida, sino tu forma de pensar, actuar y vivir.

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  4. Estoy de acuerdo: el bolso era demasiado grande. Intentaba hacer una especie de parodia. No sé si lo logré o no. Además me enfrenté con esto, al terrible reto que supone para mí, escribir diálogos. Me cuesta horrores. Por eso agradezo enormemente vuestras valoraciones al respecto, por cierto admito cualquier tipo de sugerencia sobre mejora de estilo (carezco de él) o corrección ortográfica o similar. Gracias a los tres por visitarme.

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