Otros locos maravillosos

22 de septiembre de 2008

EL PEQUEÑO SOÑADOR DE ESTRELLAS


Frase de Alma azul: "La felicidad no sólo se halla en la dicha, sino también en aprender a aceptar."


La felicidad no sólo se halla en la dicha, sino también en aprender a aceptar. — le dijo mientras paseaba sus ojos por cada rincón del escueto lugar. Quien así hablaba era Maatshed (el máximo exponente de las tradiciones ancestrales de aquel pueblo.) Krihliken había llegado hasta allí como acólito de él y cada vez se sentía más orgulloso de la decisión tomada por sus padres: Sanderktju (amigo del agua) y Baahleth (amiga de la danza). Desde un principio Krihliken (caminante de la vida) había destacado por su sana curiosidad hacia todo lo que le rodeaba y una extraña capacidad para intuir la causa de un suceso mucho antes de que esté tuviera lugar, era capaz de percibir mucho más allá que cualquiera y eso le granjeó entre la mayoría de sus mayores admiración y respeto, pero también cierta animadversión por parte de algunos.

A sus ocho años, sus padres lo llevaron a la aldea donde vivía el gran Maatshed y desde entonces aprendía ensimismado y complacido de las palabras que salían de aquella boca de pergamino. Maatshed era un hombre de pequeña estatura con largos cabellos del color de la nieve y medio ciego que acompañaba sus pasos de una leve cojera, apenas disimulada, apoyado sobre su cayado; no obstante su limitación física fue la bendición para ahondar en su propio mundo interior y alcanzar así el Conocimiento.
Krihliken se esforzaba por parecerse a él, aunque sabía que el proceso no finalizaría jamás y que probablemente nunca le igualaría en sabiduría, aun viviendo más de diez veces treinta lunas. Así se lo indicaba el pequeño cuerpo ya ajado, tatuado con cientos de arrugas unas encimas de otras convertidas en huellas del paso del tiempo que lucía su admirado maestro bajo la escasez de sus ropas.
— Aceptar sin miedos ni reservas lo bueno y lo malo que a cada cual le sucede. Aceptar sin limitaciones nuestra finitud como seres humanos y por ende nuestros defectos. Es sobre todo disfrutar de la vida y de sus múltiples matices sin querer desvirtuar la realidad del momento. Hay que saber adaptarse a los cambios previstos por los espíritus y que nosotros no entendemos. — continuo explicando. Sabía perfectamente la importancia de sus palabras para aquel chiquillo y su tesón por demostrar su valía. No obstante, estaba aún muy lejos de alcanzar su objetivo. Habían transcurrido poco más de cuatro estaciones secas desde que llegara a la aldea con sus padres.
Maatshed se da un respiro y rememora entonces con total precisión la noche en que llegaron aquellos tres visitantes. Él había leído, noches antes en las estrellas, la llegada de un niño con voluntad de hierro y cabeza de lince, por eso no le pillo de sorpresa. Todo había sido voluntad de los espíritus. Él se limitó a aguardar con paciencia en su tienda. En cuanto adivinó su presencia en las cercanías del poblado, supo que eran ellos por los que estaba esperando. Establecer contacto con ellos a través de la mente fue fácil. Se valió del pequeño chico de ojos atigrados para indicarles el punto exacto donde debían detener sus pasos.
—Sobre todo hay que saber aceptar su volatilidad y su gran peso y volumen en el mundo de los sueños, pretendiendo hallarla como si de una ciudad perdida se tratara. Felicidad es cantar aunque las fuerzas flaqueen y la vida no nos sonría en todo, sólo por el simple hecho de estar, que no es poco, en el lado donde la baraja aún no se ha acabado y donde los planetas juegan contrariados, a fabular historias que nos mantengan despiertos en un mundo de magia trazada a base de conformismo (otros muchos, se quedaron en el camino y no sentirán en su piel la tibieza del sol, ni el beso fresco del rocío en la mañana.)
El niño no perdía de vista en ningún momento a su mentor, y en su cabeza iba anotando preguntas que luego le plantearía. Sabía que a su maestro no le molestaba en absoluto que le interrumpiera para exponerle sus dudas; pero cada lección, para él era un maravilloso regalo y jamás se atrevería a romper la magia de un presente con algo tan trivial como un por qué o un qué o un cómo. Le gustaba disfrutar de esa voz dirigida en exclusiva a sus oídos. Se sentía afortunado y dichoso de poder tener cada día momentos como ése.—Pequeño Krihliken, felicidad es amar por encima de todas las cosas la propia existencia siempre sujeta al presente y aferrarse a ella, con el cuidado que se tendría con una pompa de jabón que puede romperse en cualquier instante. Se trata de descubrir en lo que tenemos la perfección de lo imperfecto sin pretender jamás cambiarlo… La felicidad es efímera, como la existencia de la mariposa una vez que rompe su crisálida.

2 comentarios:

  1. Unir felicidad al conocimiento me parece genial. Sé que es duro cuando se impone adquirirlo,pero pienso que una forma de acercarse a ella es ese momento en que descubrimos algo que nos fascina.Desde un paisaje escondido,el secreto de un libro, escuchar a un buen maestro,y así infinitamente.
    El paralelismo que llevas a cabo con otra historia de todos conocida está muy bien llevado y el final lo resume todo.Es efímera y así puede apreciarse mucho mas.
    Un abrazo!

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  2. Me quedo con tu frase:"Se trata de descubrir en lo que tenemos la perfección de lo imperfecto, sin pretender jamás cambiarlo", es una gran verdad porque toda la energía que gastemos en intentar cambiar las cosas nos las restará de poder disfrutarlas tal y como son.
    Un saludito.

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