Cazadores amigos

Visitantes recientes

¿Quieres serlo también tú?

¿Quieres serlo también tú?
Web de El Cuentacuentos

Traductor

English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

this widget by www.AllBlogTools.com

25 de enero de 2009

NO ME GUSTA QUE ME MANIPULEN

Frase de Alma azul: "Hace tiempo comprendí que más vale la pena pensar en uno mismo"

“Hace tiempo comprendí que más vale la pena pensar en uno mismo. Suena egoísta pero es así. Cuando la vida te ha dado tantos palos que tienes miedo a volver a levantarte, cuando el miedo se cierne a tus ojos y dispara las alertas… no te queda más remedio que hacerte el duro.

“Durante años he buscado la aprobación de toda la gente que se ha ido cruzando en mi camino, prescindiendo de mis propias necesidades. Encerrándolas en algún viejo baúl del que perdí la llave. He cumplido rigurosamente con mi papel de estudiante, de amigo, de amante, de hermano, de vecino o de esposo… Y la vida, en cambio, no me ha devuelto más que dolor y traición (que al fin y al cabo vienen a ser lo mismo).

“No comprendo a esos que dicen: “Yo no quería”. ¿A quién tratan de engañar? No son más que un atajo de cobardes que ponen de manifiesto su mayor aprensión cerrándose en banda al no querer admitir su debilidad. Sí lo hicieron. Lo hicieron y son tan culpables como el que les instigó la idea. Es tan culpable quien maneja el puñal como quien mete esa idea en la cabeza al autor material del asesinato.

“Por eso es que he vivido solo desde hace tanto tiempo en esta buhardilla. Quiero que mis actos los decida yo a cada momento. Aunque sé que inevitablemente alguien querrá alterar mis pasos para moverme en una u otra dirección. Además es más cómodo comportarse así que el tener que dar explicaciones sobre el porqué has actuado de esa manera y no de otra a cada minuto.

_ _ _

“Fue un flechazo a primera vista (me refiero a lo de este piso). Yo vengo de un país del este y no resulta fácil adaptarse a nuevas costumbres, nuevo idioma… En la buhardilla vi desde el principio, el reflejo del hogar que había dejado en mi país y no lo dudé. A los dos días, como quien dice, estaba firmando las escrituras. No de forma muy legal que digamos, pero a todas luces la buhardilla era mía.

“Luego la conocí a ella. Empezamos a salir. Y una cosa llevó a la otra. Nos casamos y ahí empezaron las desgracias. Acostumbrado a mi independencia no pude soportar su afán de conocer cada uno de mis movimientos. Me sentía asfixiado. La quería sí, pero no pensé que el amor fuese eso. Ni que el matrimonio fuera la moneda de cambio que le dan a uno para decirle que es tonto y que no tiene iniciativa, ni sueños, ni libertad, ni capacidad de decisión. Es cierto que nos casamos por formalizar mi situación legal, pero también hubo amor. Al menos por mi parte. Por la suya no lo sé. Si yo me sentía asfixiado, ella se sentía enjaulada. El caso es que el afecto desapareció y con él el respeto.

“La atracción que había existido entre ambos se diluyó. Hasta que no quedó nada de ella. Ni siquiera de nosotros. Yo cambié y ella también o quizás no y siempre fuimos así, pero no habíamos revelado nuestra propia naturaleza hasta entonces. Fuere como fuere un día ella se marchó. Recogió sus maletas y sin nota de despedida dejó que cada cual desanduviera el camino de su vida y soltara el lastre que había cargado durante los años de convivencia. No hubo lágrimas, ni peticiones de reconciliación, ni melifluos adioses. Y se lo agradezco. Si no se hubiera ido ella, lo habría hecho yo. Era cuestión de tiempo que aquellos cimientos se derrumbasen.

“Seguí mi camino, tal y como ella había demandado en su huida. Y con el tiempo y el apoyo de mi fiel amiga, superé su marcha. Poco a poco todo quedó reducido a recuerdos, y más tarde a cenizas. Jamás pensé que volvería.

“Una noche, al regresar de mi trabajo, la encontré apoyada contra la puerta del piso. Pasé de tomarla por una ex-novia celosa, a tomarla por una drogadicta o por alguien que había bebido más de la cuenta. Todo en milésimas de segundo (yo tampoco estaba demasiado sobrio). No la reconocí hasta que no vi el leve destello del anillo en su mano. Tenía el cabello más oscuro (tal vez de su color natural, aunque ya asomaban algunas canas) y algo más corto. Su rostro era el vivo retrato de alguien al que el balance de la vida le sale negativo. No me pareció ni tan siquiera atractiva. Me miró. Nos miramos. No sabía cómo reaccionar y supuse que lo más correcto era invitarla a pasar. No eran horas para estar hablando en medio de la nada. La impresión o tal vez las prisas acompañadas de la semioscuridad que había en el descansillo, impidieron ver las maletas hasta que ya estaban dentro junto a nosotros.

— He vuelto para quedarme, Dmitry, nunca debí marcharme— me dijo.

“Me reí con descaro. Con notoria frialdad, para ahuyentar la vorágine de sentimientos que estaba viviendo en ese instante. Pero sobre todo para herirla, para pagarle con su misma moneda: la indiferencia. Pensé en echarla en ese mismo momento, pero rectifiqué y consideré que podría ser divertido. En vez de ser dos, como en los últimos tiempos, seríamos tres. Ella con sus duras experiencias (a juzgar por las arrugas en su piel), y mi amiga y yo. Se conocían ya, con lo cual me ahorré las presentaciones.

“Ella, antes rubia y guapa, se sentó en el único sofá de la casa. Supongo que esperando una respuesta o creyendo que mi risa era producto de los nervios y de la sorpresa, y no del infinito desprecio que me inspiraba su presencia. Por supuesto no hubo palabras por mi parte.

“Mi amiga y yo nos sentamos. Yo en una de las sillas que había alrededor de la mesa de la cocina-salón y ella sobre la mesa. Ambos nos miramos pacientes. Fueron miradas cómplices… y comenzamos a hablar como si ella no estuviera. Sabía que le molestaba que la ignorasen, y por eso lo hice. Quería que sacase su rabia, su frustración, sus reproches y que me dejara. Que nos dejara, como lo había hecho otra vez. Quería que ésta fuese de verdad la definitiva. Quería estar seguro de que jamás volvería a verla. Y bebí. Bebí hasta perder el conocimiento y la noción del tiempo.

“La resaca siempre me despierta malhumorado y ésa no fue la excepción, por supuesto. Por la mañana al incorporarme en la silla, ésta y mi espalda crujieron a la par. Cuando recompuse mis ideas miré hacia el sofá. Allí estaban sus dos maletas abiertas. Dejando al descubierto un mundo de pertenencias y de prendas que un día llegué a amar y que ahora lejos de parecerme fetiches, me resultaban burdos payasos de feria.

“El piso era pequeño y echando un rápido vistazo comprendí que no estaba. Sin duda había salido a comprar leche, huevos o pan.

“Coloqué la silla, que había hecho de cama durante la noche, frente a la puerta principal. Expectante por verla entrar y aclararle que las cosas habían cambiado y que no existía un nosotros y que jamás volvería a haberlo.

“A los veinte minutos aproximadamente entró cargada con un par de bolsas repletas de comida, productos de limpieza y de verduras: los puerros se apreciaban a simple vista. También la barra de pan.

“Dejé que fuera a la cocina y que colocase las cosas. Y la miré con resentimiento y con odio, con lujuria y menosprecio, con repulsa y con asco. Le hablé en el mismo tono feo, seco y humillante que se había alojado en mi alma el día de su marcha y me sentí más libre que nunca. Por fin, me movía mi propia necesidad y me había liberado de las ataduras de la cortesía y los convencionalismos. Por fin era yo. Miré a mi amiga tendida en el suelo que dejaba escapar sobre la alfombra el poco líquido que se alojaba aún en su interior metálico tras mi borrachera nocturna. Me giré nuevamente y sin teatro, con la cara y las manos al descubierto disparé. Fueron tres balazos uno tras otro, dirigidos directamente al corazón y a la cabeza. Al primer impacto, certero y eficaz, su cuerpo convulsionó y ella (o lo que quedaba de vida en ella) retrocedió un paso ante la inercia del movimiento y cayó. Luego le siguieron los otros dos disparos tan contundentes como el primero. Pero para hacerlos tuve que levantarme y avanzar hacia ella, tropecé sin llegar a caerme, pero llegué hasta ella. Di un puntapié a su maltrecho cuerpo y rematé la faena. Dos y tres… La sangre salió a borbotones empapando su blusa, su abrigo, la encimera, el suelo, las bolsas de la compra, los azulejos e incluso a mí.

“No me molesté en ocultar su cuerpo, ni tan siquiera fingí que aquella pistola fuese de otro. Me limité a aguardar a que la noche arrastrase todas las pesadillas que trae el día, ahogándolas en cerveza y en vodka (tenía varias botellas bajo la cama de reserva, por si alguna vez tenía invitados). Supongo que me rendí al sueño y a la modorra. Cuando desperté en mitad de la noche estaba confuso y aturdido. Bajo mis pies un líquido viscoso se empeñaba en pegarme al suelo de manera insistente, lo mismo pasaba con mis ropas y mis manos pringosas como el babero de un bebé al que uno intenta dar de comer algo que no le gusta. Jugué nuevamente a manifestar mis sentimientos de rabia, dolor, resentimiento y abandono. Y coroné la cabeza de ella con los puerros, mientras no dejaba de reírme. Fue el mayor hallazgo. Mi risa lejos de ser clandestina como hasta entonces, era una risa de auténtica alegría. Una risa de liberación que me había sido negada durante años. A modo de moraleja aleccionadora escribí con bastos trazos rojos sobre el cristal de la puerta de uno de los armarios de la cocina:

NO ME GUSTA QUE ME MANIPULEN

_ _ _

—Y así es como sucedió todo, agentes. Soy peligroso, porque soy un hombre libre. Por eso les he llamado. El ser humano no está preparado para la libertad— termina el hombre de rasgos caucásicos, su confesión. En su mirada se adivina el aplomo de quien sabe lo que ha hecho y no tiene remordimiento alguno.

Uno de los agentes le toma huellas, más como mero trámite burocrático que como prueba incriminatoria. Todo encaja. Todo está tal y como él les ha indicado por teléfono hace unas horas. Aún está en el suelo, entre el sofá y la mesa, la petaca metálica que el sujeto señala como “amiga”. Y en lo que parece ser el dormitorio la pestilencia a alcohol y las botellas tiradas corroboran sus palabras. A pesar de su veteranía, no deja de impresionarle la fría resolución que tienen algunos en su mirada. Este tal Dmitry, sin duda es de los más calculadores que se ha encontrado jamás. Hasta su confesión es más propia de un thriller de Stephen King que de la vida real. ¿Será libertad lo que le ha impulsado a cometer tal atrocidad?

Nahum (2ª Parte). El encuentro con Xäcseth.

04_11_07_leopold

Ninguno supo cuánto tiempo permanecieron así, pero indudablemente mucho, porque cuando despertaron las pulseras estaban con la batería casi agotada.

Todos hablaban atropelladamente, queriendo ser escuchados y contar su sueño al resto. Comprendieron que habían soñado exactamente lo mismo. La clave radicaba en el porqué de todo aquello. Sabían que estaban en el punto adecuado, pero ahora se presentaban otros problemas más acuciantes que debían solventar cuanto antes.

Tenían una sola batería de repuesto con ellos y optaron por colocarla en la pulsera de Irya que era la más completa. No obstante la preocupación principal del grupo era la de obtener agua y alimento. Para ello deberían desandar el camino y regresar a la nave. Una vez allí, ya pensarían en qué argumentar a la Dra. Krahns por todo el tiempo de ausencia. A buen seguro habría tratado ya de ponerse en contacto con ellos.

Hubo suerte. El regreso lo hicieron más rápido, puesto que algunos puntos del recorrido les resultaban familiares y eso facilitó las cosas, también porque el sueño había resultado muy reconfortante. Llegaron eso sí, agotados y casi sin fuerzas. Por fortuna en el fondo de su mochila, Irya encontró de casualidad la rosa azul que evitó que murieran de sed antes de llegar a su destino. Al hambre no pudieron hacerle frente hasta llegados a la base. De ahí que devoraran con tal ansia, parte de las reservas de víveres que estaban en la despensa. En cuanto al enfado de la Dra. Krahns, era ya inevitable, a juicio de todos. A no ser que pudieran llevarle un descubrimiento realmente importante después de todo aquello. Por eso asumieron el reto y manipularon de nuevo la computadora, para retrasar otra vez el temporizador. Y acordaron por unanimidad que para evitar malgasto inútil de baterías se agruparían en parejas: Xeela con Rahim, Maddox con Çelrin e Irya, el primer día, con Simón; el segundo día Rahim se cambiaría por ella y llegado el caso, el tercer día sería Çelrin (la turnicidad se debía a que el reparto no era del todo equitativo). Sólo una de las pulseras de cada pareja permanecería encendida y sólo lo estrictamente necesario. Así se mantendrían siempre en alerta y comunicados con Santa. Durante las guardias nocturnas las parejas serían las mismas, pero cada cual llevaría la flauta mágica (pequeños instrumentos que no podían ser escuchados por nadie, salvo por aquel que la tocase, manteniéndole despierto bajo cualquier circunstancia).

Otra decisión que tomaron fue la de que el miembro más mayor de la pareja racionase la comida. Habían calculado que bien administrada tendrían para tres días, contando con la vuelta hasta la nave. Siempre y cuando el pitido, causante de todo aquel misterio, no hubiera variado su punto de origen.

El primer día no hubo suerte, ni tampoco el segundo. El planeta parecía más desierto que nunca y no había rastro por ninguna parte del ensordecedor zumbido ni de la peculiar lluvia que les sorprendió a su llegada. El plazo expiraba y se notaba en los ánimos de todo el grupo. Incluso Simón parecía contagiado del desánimo general.

Hubieron de esperar hasta bien entrada la noche, para que el tan ansiado suceso se repitiera de nuevo. Era el segundo turno de vigilancia de la noche y las dos chicas estaban juntas. Bostezaban casi de continuo, tanto por aburrimiento como por la vigilia, y de no ser por la rápida reacción de Xeela, casi seguro su escrupulosa organización no habría servido de nada. El zumbido fue el precursor del dolor de oídos y sacando fuerzas de flaqueza la más pequeña de todos logró tocar su instrumento. A pesar del penetrante e insufrible dolor que suponía para los oídos aquel insistente ruido invasor. Irya tardó más en reaccionar, pero hizo lo que su amiga y consiguió permanecer alerta. Ni siquiera intentaron llegar hasta el grupo, porque se habían alejado demasiado de ellos, aun teniéndoles a la vista.

Deberíamos meternos tras esa colina y esperar a ver qué sucede señaló Irya, nerviosa.

—Vale-respondió Xeela— Expectante por lo que podría acontecer.

La espera se hizo interminable. Era muy difícil renunciar a taparse los oídos y continuar impasibles tocando, sólo por el estúpido deseo de ver lo que sucedería a continuación (sin ni siquiera saber si habría o no peligro en ello), y dejar de sufrir aunque tan sólo fuese por un instante aquel tormento en su cabeza y oídos. Pero sorprendentemente Xeela era la más fuerte y la que animaba a Irya a no dejarse llevar (estaba convencida de que todo aquello no dejaba de entrañar algo hermoso).

El ruido por fin cesó y la claridad dejó paso a la noche. Grandes burbujas cristalinas flotaban sobre el aire y en ellas los diminutos seres que les asombraron parecían decirles algo. Por un momento fue Xeela quien perdió la compostura y tuvo que ser Irya quien llevo la mano de su amiga a la flauta, acercándosela a la boca. Sobraban las palabras.

De repente de una de las bolas salió un haz de luz más intenso que del resto y se posó sobre la cima de la pequeña colina que habían utilizado como escondite. Algo impidió que las niñas salieran corriendo.

—No tengáis miedo, niñas. Somos Fairies o hadas. ¿No habéis oído hablar de nosotras?—el extraño ser hablaba con ellas, sin mover los labios y su voz era realmente dulce y cariñosa.

Las dos intercambiaron gestos entre sí, pero no se atrevieron a pronunciar palabra. Irya, disimuladamente, consultó su diccionario de muñeca.

—No, nunca—se atreve a responder.

—Vivimos aquí desterradas desde hace siglos. Así que en realidad no debería sorprenderme, supongo. Es sólo que...

— ¿Desterradas?, ¿Hicisteis algo malo?

—No, al contrario, Xeela. Nosotras somos buenas. ¿Sabéis qué es la imaginación?

Irya, entre perpleja y asustada viendo que aquella extraña ¿hada? conoce sus nombres, al menos de su amiga, no sabe cómo reaccionar y se siente bloqueada. Una vez más es Xeela la que demuestra más valor y entereza y responde.

—Sí, es lo que uno inventa cuando aún no es más que una idea en la cabeza.

—Te equivocas, el diccionario indica que imaginación es...— Irya no puede evitar consultar su unidad de idiomas interplanetarios.

—No tenemos mucho tiempo—le indicó el pequeño ser alado. Él puede regresar en cualquier momento...

— ¿Él?, ¿quién?

(CONTINUARÁ…)

18 de enero de 2009

AMIGO ESCRITOR

Frase de Bryan Edward Hyde para El Cuentacuentos "Tengo un amigo escritor al que le gusta llevar la contra".

f8df4bda9219ff59

Tengo un amigo escritor al que le gusta llevar la contra. Quien no le conozca podría pensar que lo hace por afán de dar la nota, pero si ese alguien arañara un poco la superficie del carácter reservado y serio de mi amigo, comprendería que él lo hace por amor a la palabra. No le mueve, por tanto, el interés en suscitar polémica, ni discordia, pero sí el de acariciar en su boca sílabas, letras, tildes y frases que le dejen buen sabor en el paladar a cada mordisco. También actúa así para poder jugar con ellos entre sus manos e inventar nuevos giros o reinventar lo que ya se ha escrito.

A veces creo que en vez de con agua, se ducha con metonimias, hipérboles, alegorías, prosopografías y demás recursos lingüísticos. Y que su esponja y su gel son continuación del bolígrafo y del papel de los que nunca se separa, recogiendo anotaciones allá donde va.

Por momentos me desespero en rebatir sus argumentos, sólo por intentar lo imposible: derrotarle en el arte de la dialéctica. E invariablemente el resultado es el mismo... Su cara dibujando una "a" enorme en la comisura de sus labios; sus ojos abiertos como grandes "o"es y la nariz altiva y respingona como la "i" que escapó de alguno de sus textos; la "u", un tanto desubicada y mareada, intenta encontrar su sitio entre la frente y sus ojos dando lugar a sus pobladas cejas. Sea como sea, las razones y vocablos se cierran alrededor de él y saltan sobre mí como aves de rapiña. Dejando patente mi incapacidad de sostener por más tiempo, mi postura en el debate.

Por eso, a menudo le increpo (desde mi jaula de animal derrotado) y le digo que equivocó su profesión y que debería haber sido político o filósofo. Entonces una especie de nubarrón cruza su frente y ensombrece su rostro y la "a" de su boca me parece más pequeña y el resto de las vocales que lo perfilan se desdibujan como un traje que ya está ajado de tanto uso. Siento lástima más que nunca por él y comienzo de nuevo la batalla dialéctica, para hacerme perdonar por esos maravillosos símiles e hipérbatos que retozan en sus bolsillos y en las rayas de su camisa, como crías de un canguro pegadas a su madre en su bolsa o marsupio.

Supongo que aspiro a que el perfume de sinécdoques con que se atusa cada día, le abandone por un breve lapso de tiempo. El suficiente para que yo pueda atacar con una razón de peso y él comprenda, que aunque la fuerza de la palabra le suele arropar, también ésta puede fallarle.

Sí, ya lo sé soy mezquino y sobre todo un mal amigo comportándome así. ¿Qué queréis? lo mío son las ciencias.

NACHOB: UNO DE LOS 4 FANTÁSTICOS


En este nuevo apartado que hoy comienzo, prometo haceros conocer a gente interesante, que escudada en el anonimato que da internet escribe tan bien o mejor que los más famosos escritores. Sin duda, con el tiempo muchos de vosotros apareceréis en esta sección. No obstante, no tengo una idea preconcevida de si escribiré un post en ella cada semana, cada mes o con qué frecuencia. Tampoco sé si en cada post daré protagonismo a un sólo autor o a varios simultáneamente. En todo caso, mi intención es la mejor: dar a conocer al mundo, la valía de gente a la que le apasiona la escritura. Sería, por tanto como otro Homenaje de los Cazadores, pero esta vez para gente que no tiene la suerte de figurar aún entre los más grandes. Seguro que como con estos héroes de Marvel, cada uno de los que aquí figuréis habrá experimentado cierto cambio: bien afianzando su estilo y puliéndolo o atreviéndose con géneros que antes le parecían vetados. Si no observad la imagen adjunta...


En fin, continúo explicándoos el porqué de esto. La idea surgió hace unos días, en el duermevela de una noche de insomnio. Creo que ya mencioné el libro "Un año de palabras"... pues bien, aunque cuando hablé de él aún no había llegado a mis manos, mi intuición me decía que era un libro de esos especiales que te atrapan desde el primer momento. La verdad es que esa primera impresión no me falló en absoluto. Mantengo por lo que parece, intacto ese sexto sentido que me hace adivinar cuándo un libro va a cumplir mis expectativas o cuándo no, antes incluso de hojearlo o de leerlo.


Podría contaros mil maravillas de él, pero empezaré por deciros que su autor es un chico joven: Ignacio Becerril (firma como Nachob) y que se dio a conocer en la web de Ocio Joven. Quizá eso es lo que más me seduce: descubrir que alguien que es un perfecto desconocido a vista de los ojos de las grandes editoriales y de los críticos, sea capaz de escribir sobre cualquier género y hacerlo con esa claridad y ese ritmo del que dota a todos sus relatos. Si algo caracteriza a todas sus historias es lo cuidado de los personajes, el acierto en los diálogos con frases que serían dignas de enmarcar como célebres y por supuesto el giro inesperado y sorprendente en el desenlace de todas y cada una de ellas. Una vez que has leído varias historias de su puño y letra, comprendes que la trama dará un giro justo al final y que trastocará todo tu esquema preconcevido, pero ahí quizá radica el éxito de todas ellas. Sabes que te va a sorprender, pero por más que te prepares, siempre acaba engañando a tu intelecto y te deja mejor sabor de boca de lo que ya te había dejado el nudo.


Según sé, ha sido padre recientemente y supongo que ese nuevo rol y la rutina diaria de trabajo, han hecho que esté menos activo que antes en la página de Ocio Joven , pero descuidad que él desde las sombras de ese pequeño ciber-espacio os observa y conoce vuestra evolución.


No he terminado el libro todavía, pero ya estoy haciéndole nuevos encargos con la intención de regalarlo a familiares y amigos y que puedan disfrutar de lo que considero toda una joya, por más que por desgracia, no vaya a estar entre los best-sellers de las librerías. Os lo recomiendo de veras. Si queréis adquirirlo o simplemente os pica la curiosidad os dejo aquí el enlace con su blog, para que juzguéis vosotros mismos. También tenéis en la columna lateral de este blog que ahora estáis leyendo, la imagen de la portada de su libro y el enlace directo con su bitácora. Como se suele decir: "Pasen y vean".

13 de enero de 2009

CHARLES PERRAULT

Charles Perrault (París, 12 de enero de 1628 - id., 16 de mayo de 1703). Nació el 12 de enero de 1628 en la ciudad de París, mediante un parto doble, en el que también vino al mundo su gemelo François. Su familia era muy pobre e ignorante, perteneciente a la burguesía acomodada en el sillón, pese a ello hizo posible que tuviera una buena infancia y concurriera a las mejores escuelas de la época,ingresó al Colegio de Beauvais en 1637, donde descubre su facilidad para las lenguas muertas.

A partir de 1643, comienza a estudiar derecho. Indudablemente hábil y con un notorio sentido práctico, recibe la protección de su hermano mayor Pierre quien es Recaudador General. En 1654 es nombrado funcionario para trabajar en el servicio gubernamental.

Tomó parte en la creación de la Academia de las Ciencias y en la restauración de la Academia de Pintura. Jamás luchó contra el sistema, lo cual le facilitó la supervivencia en una Francia muy convulsionada políticamente y en la que los favoritos caían con demasiada frecuencia.

Su vida siempre dedicada al estudio, dejaba escaso margen a la fantasía. En su primer libro "Los muros de Troya", (1661), se muestra nada infantil, como se puede apreciar en el contenido de la obra. Esto se debe a que a lo largo de su burocrática y aburrida existencia de funcionario privilegiado, lo que más escribió fueron odas, discursos, diálogos, poemas, y obras que halagaban al rey y a los príncipes, lo que le valió llevar una vida colmada de honores, que él supo aprovechar.

Fue secretario de la Academia Francesa desde 1663, convirtiéndose en el protegido de Colbert, el famoso consejero de Luis XIV, hasta que en 1665, progresa en su categoría laboral convertiéndose en el primero de los funcionarios reales, lo que le significa grandes prebendas. Hace extensiva su buena fortuna a sus familiares, consiguiendo, en 1667, que los planos con los que se construye el Observatorio del Rey, sean de su hermano Claude. En 1671 es nombrado académico, y al año siguiente, contrae matrimonio con Marie Guichon, es elegido canciller de la Academia, y en 1673 se convierte en Bibliotecario de la misma. Ese mismo año nace su primer hijo, una niña, y luego, en el intervalo que va desde 1675 a 1678, le nacen tres hijos más y su esposa fallece después del nacimiento del último. En 1680, Perrault tiene que ceder su puesto privilegiado de primer funcionario al hijo de Colbert. A estos sinsabores vienen a añadirse más tarde otros de carácter literario erudito, como la célebre controversia que lo distancia de Boileau, a propósito de una divergencia de opiniones que se traducen en su obra crítica: "Paralelo de los Ancianos y de los Modernos" en el que se contemplan las Artes y las Ciencias.

En 1687 escribió el poema El siglo de Luis el Grande y en 1688 Comparación entre antiguos y modernos , un alegato en favor de los escritores "modernos" y en contra de los tradicionalistas. El ilustre autor escribió un total de 46 obras, ocho de ellas publicadas póstumamente, entre las que se halla Memorias de mi vida. A excepción de los cuentos infantiles, toda su obra se compone mayoritariamente, en loas al rey de Francia.

A los 55 años escribió "Historias o Cuentos del pasado", más conocido como "Los cuentos de la mamá Gansa" (por la imagen que ilustraba su tapa), publicados en 1697, en donde se encuentran la mayoría de sus cuentos más famosos. Son éstos y no otros los que han logrado vencer al tiempo llegando hasta nosotros con la misma frescura y espontaneidad conque fueron escritos, después de recopilados de la tradición oral o de leyendas de exótico origen. Se trata de cuentos morales, indudablemente, pero llenos de un encanto que perdura y que los ha convertido en las lecturas favoritas de los niños. Los personajes que emplea son hadas, ogros, animales que hablan, brujas y príncipes encantados, entre otros. Al final de cada relato, el autor incluye una moraleja referente al contenido de cada historia. El escritor registró las costumbres de una época en el que la mayoría estaba inconforme con su situación, y para dar esperanzas a la gente en un período histórico, por lo regular incluía finales felices en sus escritos.

En 1687 escribió el poema El siglo de Luis el Grande y, en 1688, Comparación entre antiguos y modernos, un alegato en favor de los escritores "modernos" y en contra de los tradicionalistas (A raíz de la "Disputa entre antiguos y modernos", en la Academia Francesa). A los 69 años escribió el libro Cuentos de mamá ganso. Su publicación empezó a darle fama entre sus conocidos y significó el inicio de un nuevo estilo de literatura: los cuentos de hadas. Para sus relatos, Perrault recurrió a paisajes que le eran conocidos como el Castillo de Ussé para el cuento de La Bella Durmiente.

Algunas de sus obras para niños, más destacadas son:

Barba Azul
Caperucita Roja
El gato con botas
La bella durmiente del bosque
La Cenicienta
Las Hadas
Piel de asno
Pulgarcito
Riquete el del copete

Datos obtenidos en la wikipedia, así como la imagen del escritor francés.

11 de enero de 2009

OCASO

En memoria de mis dos abuelas y de mi tía Marciana.

flores-peqUna a una las flores se fueron marchitando (Frase de Juan Cuquejo para El Cuentacuentos).

Una a una las flores se fueron marchitando. Lo hicieron poco a poco, minuto a minuto, de forma imperceptible, tímidas, sin querer destacar en su muerte como sí lo hicieron durante su vida de voluptuoso descaro y frivolidad. El mismo lecho de tierra que las había amamantado (desde que tan sólo eran semilla) hizo las veces de tumba.

La mano que había atendido sin dilación cada golpe de sed o cada deseo de luz, apagó sus fuerzas, dejando caer al suelo la toquilla que cubría sus hombros, al mismo tiempo que ellas se entregaban definitivamente a la agonía de morir privadas de sus alimentos principales y al último estertor.

Nadie lloró por tales cambios, ni se preguntó qué había provocado su aspecto descuidado (tan lejos de su lozanía de flor joven), ni por el porqué de esa acumulación de polvo o de ese olor acre filtrándose bajo cada puerta de las estancias de aquel hogar, ahora desangelado; ahogando los sentidos a quien quisiera acercarse hasta aquella casa (anclada en el pasado a través de cada tapete, jarrón o cuadro). Nadie hizo el más leve gesto de resucitar con sus mimos a aquellos seres vestidos de verde y ataviados con sombreros de colores sobre sus cabezas.

Tampoco hubo visitas de familiares o amigos a la mujer del perfecto moño blanco, preocupándose por su salud. Nadie brindó cariños y atenciones a esa anciana con casi mil doscientas lunas cargadas sobre sus desgastadas espaldas (esculpidas a golpe de arrugas y canas con el cincel del fluir de los años). Nadie supo del tormento de sus huesos en cada movimiento, ni del frío canto de la soledad adherida a la más interna de sus células. Nadie compartió con ella recuerdos agolpados en la cabeza y en los labios que aliviaran el paso de los días y regalasen, a sus ojos acuosos de anciana, por una pequeña fracción de tiempo con su compañía, un cielo más azul y que la mujer vaciara por fin su alma, bajo apariencia de nube colgada en ese manto azulado o en forma de pájaro posado en un árbol; olvidándose por completo de la espera, ante el final de un camino que para ella... se intuía tan cerca.

10 de enero de 2009

"EL FUEGO" (CONTINUACIÓN DE LA SAGA DE "EL OCHO")


Katherine Neville, una de las autoras más conocidas en todo el mundo ya cuenta con su tercer título de la saga de "El ocho". Ésta tercera entrega se titula "El fuego" y ya la portada llama la atención, haciendo honor al título.


Hace años que leí ambos libros (El círculo mágico y El ocho) además lo hice en orden inverso a como deberían leerse, pero ambos me gustaron. No voy a indicar aquí cuál de los dos es mi favorito, para que quien no los haya leído pueda juzgarlo por sí mismo. Baste decir que los dos son muy buenos y que me dejaron tan buen sabor de boca en su día que me da mucho miedo aventurarme a leer éste y que no esté al nivel de los dos anteriores, también porque considero que la historia no tenía continuidad, aunque sé que sí dejaba un final abierto... En fin, seguramente a pesar de eso lo acabaré comprando y lo devoraré... Ya os contaré.


Para que vayáis haciendo boca, en la parte superior de este post, va la imagen de la portada de este último título. Si alguien lo tiene ya, sería estupendo que dejara algún comentario sobre la impresión que le ha causado.

3 de enero de 2009

QUISIERA SER CUERPO


"A veces soy un músculo que se dilata" (Frase de Esther para el Cuentacuentos)

A veces soy un músculo que se dilata invadido por la alegría del momento tras una larga espera y me fundo con ella en un baile de entusiasmo al verte. Y me hincho hasta explotar como una supernova expandiéndome y dejando rastros de mí y de tu vital optimismo en todos los rincones por los que piso, formando en mi recorrido nueva galaxias con luz propia.

Da igual que estés irritable o que tengas un mal día. No me importan tus enfados, porque tu compañía lo supera todo. Haces que lo bueno parezca mejor y que lo malo se convierta en bueno.

En tu ausencia, cuando noto que me contraigo, comienzo de inmediato a emborronar hojas y hojas sin dar con las palabras que busco. Y me valgo de diccionarios de sinónimos y refraneros que acierten en dar nombre al mal que me aqueja y que me ata a ti y convierte cada día, cuando llegas, en una vivencia excepcional y mágica. Entonces, cuando no estás, cobra más fuerza el deseo de no ser un simple músculo; sino un cuerpo al que cartílagos y huesos perfectamente engarzados, den forma para que cuando regreses pueda recibir tus abrazos y caricias y devolverte, cuando menos, la mitad de lo que tú me aportas.

Lo que ves aquí escrito es original e inédito. Si te gusta, disfrútalo desde el blog, pero no lo copies, por favor. Pertenece a mi propiedad intelectual, si lo hicieras estarías dañando mis derechos de autor. Gracias.