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28 de febrero de 2009

LA MALDICIÓN DEL TEMPLO

En el templo, de la pared agrietada, la luz brotaba cada vez con mayor intensidad. Al otro lado se adivinaban sombras y voces incomprensibles, pero nadie se atrevía a observar por demasiado tiempo. Además estaban dos guardias para impedirlo.

En el interior del gran templo, a pasos de distancia de aquello, entre pasillos, jeroglíficos y columnas, albañiles y los porteadores de agua, acarreaban sin descanso víveres y rocas para evitar el restallar del látigo sobre sus castigadas espaldas y por supuesto por el ancestral temor a los dioses, inculcado desde pequeños. Ante todo debían tenerlos contentos. Trabajaban con ese miedo insuflado en sus venas, intentando cumplir el sueño de construir a Ra el templo más grande posible, utilizando como base los cimientos del que ya existía.

En el tumulto de razas, clases y gentes de todas las nacionalidades que se agolpaban en las escalinatas de la entrada o a la sombra del recinto, se podían escuchar palabras en asirio, arameo, griego, egipcio o fenicio. Pocos de ellos conocían la escritura, pero cualquiera que supiera hacerse entender en otra lengua era bienvenido y siempre tendría ocupación.

Seshesh recién llegado en caravana, desde Per-Uadjet al borde del Gran verde[1], se acercó como tantos otros en busca de trabajo. Se dirigió sin dudarlo a la mesa de uno de los escribas. Para ello tuvo que usar todo su talento. No en vano, la cola era condenadamente larga. Se puso al final de la fila y simuló que se le caía una pequeña pieza de cobre[2] (por el contrario ésta estaba bien atada a un fino cordel que el muchacho llevaba anudado a uno de sus dedos). El tintineo contra el suelo agudizó los sentidos de los hombres más cercanos y también su codicia. Enseguida fueron varias las cabezas que se agolparon buscando el ansiado metal. El muchacho aprovechó el desconcierto y avanzó varios puestos. Mientras, a sus espaldas, los ánimos iban en aumento y unos insultaban a otros hasta que algunos de los guardias intervinieron en la trifulca.

Pronto el calor sofocante le animó a inventar una nueva manera para avanzar en la interminable cola. Delante de él, un hombre excesivamente corpulento sudaba a mares y a duras penas lograba mantenerse en pie. Seshesh fingiendo un acto de caridad, mintió descaradamente al hombre, indicándole que conocía la existencia de un pozo cercano y que si ambos se asociaban podrían sacar provecho vendiendo su agua. El ingenio del chico no tenía límites y había adivinado, por las vestimentas del hombre y sus anillos, que se trataba de un comerciante; por tanto estaba allí para ofrecerse seguramente a transportar las mercancías más delicadas a cambio de un estipendio o incluso para prestar servicios de carácter personal a algunos de los sacerdotes o escribas. Cuando planteó al hombre el posible negocio con el preciado líquido, éste receló al principio, pero acabó accediendo a ir a visitar el pozo y comprobar por sí mismo el emplazamiento, puesto que no había allí ninguno de sus hombres de confianza para que lo hicieran en su lugar. Una vez más la ambición eliminó a uno de sus competidores. Así es como el joven consiguió adelantar otro puesto. Sabía que nadie permitiría, al regreso del hombre gordo, que esté pretendiera colarse y eso cuando menos conllevaría una nueva intervención de los centinelas. No obstante, para no levantar sospecha, decidió aguardar como los demás, por un tiempo que le resultó interminable. Eso sí, no quitó ojo de todo lo que sucedía a su alrededor.

El hombre que le precedía dos posiciones, hablaba animadamente con los otros tres, que a su vez, estaban por delante de él. Al principio Seshesh no reconoció la lengua, pero una vez que se hizo a las voces, la identificó sin problemas. Se trataba de una mezcla entre egipcio y fenicio. Los cuatro hablaban de algo que había sucedido la noche anterior en el templo. Y por lo visto, habían colocado guardias para impedir miradas curiosas. Además uno de ellos, el más joven, hablaba impaciente de que su esposa estaba a punto de dar a luz. Temía que los astros no le fueran propicios en el alumbramiento debido a lo sucedido en el santuario la víspera; por eso para congraciarse con los dioses, había insistido en aproximarse junto a sus compañeros en busca de empleo. Seshesh, siempre despierto, descubrió parecido físico entre al menos tres de aquellos hombres y vio en la conversación que mantenían, la oportunidad que estaba buscando. Comenzó a gritar en egipcio algo sobre que una parturienta llamada Heriamon esposa de un tal Djedet estaba teniendo problemas en el parto: el niño venía de nalgas. Los cuatro hombres al escuchar aquellas palabras, comenzaron a interrogar al muchacho. Viendo que éste no sabía más que lo que había contado salieron presurosos. Hubo uno de ellos indeciso, pero finalmente los cuatro partieron juntos.

El sol estaba ya muy alto cuando Seshesh pudo acercarse al escriba. Éste le miró un tanto perplejo, dada la juventud y vitalidad que derrochaba el joven. Le preguntó su nombre y procedencia. También por supuesto, por sus habilidades. El muchacho, alardeó sobre su facilidad para entender varias lenguas incluidos algunos de sus dialectos. El escriba, un hombre serio y escéptico, quiso poner a prueba a aquel chico barbilampiño que tanto se jactaba. Para su sorpresa tuvo que reconocer los méritos del joven y le contrató.
— Al comienzo se te pagará un octavo de quite cada dos días. ¿Sabes cuánto es eso?
— Sí señor: diez quites[3] hacen un deben.
— Ignoro quién te ha enseñado lo que sabes, pero si te esfuerzas… puedes llegar muy lejos. Te lo aseguro. Ve con este papiro al interior y pregunta por el capataz. Él te indicará cuál será tu trabajo.
— ¡Qué los dioses os protejan, señor!— respondió victorioso el muchacho, mientras subía precipitadamente las escaleras del tabernáculo.

Enseguida dio con su hombre y éste le hizo organizar el trabajo de los pequeños grupos que iban llegando por oleadas al templo. En cuanto se hubo familiarizado con el lugar, la labor le resultó incluso divertida.

Cuando llegó la hora del almuerzo el silencio se instaló en los grandes adoquines, en las grandes baldosas del suelo y entre todos los presentes. Desde el fondo del templo, de la pared sobre la que todos hablaban en susurros, por miedo a ser castigados, surgía con fuerza una extraña luz que no parecía proceder de las teas a las que estaban habituados en esa parte del nomo[4] ni en ninguno de los otros nomos cercanos. Es más, incluso los extranjeros llegados de lejanos países, corroboraban que aquella no era una luz normal. Nadie que conociera Kemet[5] (La tierra negra o país del Nilo) había visto jamás una claridad de esas características. Tampoco las voces que de allí surgían resultaban comprensibles. Todo era extraño y eso infundía miedo y curiosidad a partes iguales.


Carlos, mazo en mano, golpeaba con saña todo lo que se le ponía por delante. La ira cegaba sus sentidos. Desde el suelo, en un rincón de la cocina, Eva se encogía y pegaba sus brazos y piernas contra sí en un intento de protección. Estaba demasiado lejos del teléfono y él demasiado lejos de la realidad, como para que se aviniese a razones.

¡Pum! De un mazazo Carlos rompe parte de una de las paredes de la cocina. Al suelo caen todo tipo de esquirlas que arañan los muebles y su brazo derecho. Grita. La radio, responde a su grito con voz atronadora, anunciando un gol en el partido del domingo. Él se gira hacia el aparato y lo golpea hasta que lo hace trizas. Las piezas caen por todas partes, en su mayoría son trozos irreconocibles.

Eva, más asustada aún, lloriquea e hipa temiendo lo peor. En la pared rota, asoman de vez en cuando sombras, pero no sabe si son producto de su imaginación. Cree ver la espalda desnuda de un par de hombres; pero parece imposible. Uno de ellos se mueve levemente y deja entrever entre él y su compañero, algo más al fondo, una enorme columna con símbolos extraños muy semejantes a los que tiene el papiro que trajeron de su viaje a Egipto hace unas semanas (desde entonces las cosas van mal). Se arma de valor y se arrastra sin apenas hacer ruido hasta la entrada de la cocina, entre la mesa y las sillas caídas. Carlos entre tanto, llora de rabia y sigue abriendo y cerrando armarios arrojando por los aires todo lo que toca y rompiéndolo con su mazo de trabajo.

Reptando llega al cajón de la cómoda del pasillo. Rebusca nerviosa en el interior un mechero y cuando sus dedos tocan el papiro una quemazón fluye desde ellos hasta su mente. En ella se registran imágenes de un pasado que no recuerda haber vivido y comprende que ha de quemar esos símbolos. El papiro prende y al tiempo el agujero de la pared se cierra y con él todo en su vida vuelve a estar en orden.
____________________________________________________________
[1] El Gran Verde es como llamaban los antiguos egipcios al mar Mediterráneo.
[2] Los antiguos egipcios no disponían de moneda. Sí en cambio conocían el metal y era muy valorado entre ellos.
[3] Los egipcios no conocían el dinero y usaban el trueque. Empleaban como referencia de peso el deben. Aunque varió a través de la historia, su valor en este relato es: 1 quite = 9 g, 10 quites = 90 g , 1 deben = 10 quites.
[4] La palabra nomo hacía alusión a la división política de Egipto en provincias. Cada provincia era un nomo.
[5] Kemet es la palabra con la que los antiguos egipcios designaron a su país. Significa “La tierra negra”, aludiendo al color del limo arrastrado por las aguas del Nilo en las inundaciones.

Lo que ves aquí escrito es original e inédito. Si te gusta, disfrútalo desde el blog, pero no lo copies, por favor. Pertenece a mi propiedad intelectual, si lo hicieras estarías dañando mis derechos de autor. Gracias.

15 de febrero de 2009

NO APTO SI NO AMAS LA ESCRITURA

Creo que los dos espacios de los que os voy a hablar, merecen la pena y por eso les doy un post para ellos.
  • El primer sitio del que os voy a hablar es éste: http://www.deprisa-deprisa.blogspot.com/ En él un grupo de estupendos cuentistas (llegados desde El Cuentacuentos) ponen de manifiesto sus dotes con los microrrelatos. No dejéis de visitar el blog, porque de verdad que es un auténtico lujo contar con tanto talento en un solo sitio. Os llevarán en pocas líneas y palabras a mundos y situaciones insospechadas. Seguro que desde la primera visita, desearéis volver una y mil veces.
  • El segundo lugar del que os quiero hablar es un blog también interactivo. Tal y como señala su cabecera, está pensado para que narradores y narradoras virtuales se den a conocer y se relacionen con más gente a través de sus escritos. La url es: http://www.labrysmoom.blogspot.com/

Como podréis comprobar, se trata en ambos casos de lugares por y para los escritores noveles o protoescritores como gustan algunos de llamarnos. En ambos os sentiréis como en casa: "Hogar, dulce hogar".

12 de febrero de 2009

HASTA LUEGO




Os lo debo a todos y todas los/as que habéis estado durante estos meses al otro lado de la pantalla, animando con vuestros comentarios y vuestras visitas este blog. Insuflándolo de vida con vuestra presencia.


Desde hace años ronda en mi cabeza participar en un taller de escritura y por fin me decidí ayer e hice la matrícula en uno. Supongo que eso me robará mucho tiempo a partir de ahora, durante los próximos cuatro meses. Aún no me ha llegado el material, pero estoy deseando desatar mis neuronas y que se diluyan y escurran por todos los recovecos de mi cerebro hasta que lleguen a sangrar mis dedos sobre el papel o el teclado. Perdonad, por tanto este paréntesis. Ya digo, que aún no he empezado, pero es inminente.



Prometo regresar con fuerzas y entusiasmo y visitaros siempre que pueda durante este pequeño receso en mis blogs. Procuraré si dispongo de tiempo, seguir con mi historia semanal para El Cuentacuentos (El Atrapasueños en este blog) y hablar de libros o películas o de propuestas culturales, aunque obviamente mis post se reducirán.



Hasta entonces, hasta mi regreso, aunque aún no me he marchado, os brindo un abrazo y un "hasta luego". De todo corazón, gracias.

POR FIN UN POEMA

Sé que la calidad de este poema nunca pasará a los anales de la historia, pero para mí es un gran avance. Es la prueba de que estoy en el camino del desbloqueo al que estoy sujeta desde hace tiempo. Me emociona volver a retomar aunque de manera tan tímida y pobre, los amados versos que se ocultan dormidos en mi alma. Espero que os guste tanto como a mí escribirlo.

EL PASO DEL TIEMPO

Reposan mis brazos lánguidos...
cansados y exhaustos
sobre la tierra baldía
sobre las flores marchitas
que despegaron volando
de tus ramas repletas de vida.

Descansa mi cuerpo triste,
exangüe y sin aliento
sin esperanza ni alegría
sobre la roca gris que atesora
tus abrazos perdidos…
tus sueños y el pasar de tus días.



Lo que ves aquí escrito es original e inédito. Si te gusta, disfrútalo desde el blog, pero no lo copies, por favor. Pertenece a mi propiedad intelectual, si lo hicieras estarías dañando mis derechos de autor. Gracias.

11 de febrero de 2009

ALBERTO VÁZQUEZ FIGUEROA



Escritor, periodista e inventor español, nacido el 11 de octubre de 1936 en Santa Cruz de Tenerife, aunque en algunos sitios se asegura que nació el 11 de noviembre. Él suele bromear sobre el tema indicando que le han rejuvenecido un mes.`




Con apenas un año de vida, su familia fue deportada a Marruecos por motivos políticos, ya que su padre era republicano, teniendo que pasar por las cárceles del franquismo después del golpe militar.




Tras regresar del exilio, en Madrid se licenció en la Escuela de Periodismo en 1959, siendo corresponsal de guerra para diversos medios de comunicación nacionales, desde donde aprendió a ver el mundo desde otra perspectiva. Su prolífica obra narrativa incluye especialmente novelas de aventuras, con más de sesenta libros, algunos con gran éxito de tirada, como Ébano, donde aborda el tráfico de esclavos en África en pleno siglo XX. En su faceta más emprenedora creó una empresa desalinizadora con la que no se granjeó demasiadas simpatías entre algunos ingenieros, pero que su tecnología se ha vendido en algunos países en forma de patentes.




Alberto Vázquez-Figueroa ha escrito biografías, novelas, guiones, obras de teatro... A continuación figuran resaltados los títulos que le han brindado mayor popularidad o éxito:






  • Saud el leopardo, publicado a través de Bubok, en 2008


  • La taberna de los cuatro vientos 2008


  • Coltan 2008


  • Vivos y muertos 2007


  • Pederastas 2007


  • Centauros 2007 (2009)


  • Por mil millones de dolares 2007


  • El mar de Jade 2006


  • Tierra de bisontes. Cienfuegos VII 2006


  • El rey leproso 2005


  • A la deriva 2005


  • Alí en el país de las maravillas 2005


  • La puerta del pacífico 2004


  • El león invisible 2003


  • Vivir del viento 2003


  • Un mundo mejor 2002


  • Todos somos culpables 2001


  • Bora Bora 2001


  • Delfines 2001


  • El señor de las tinieblas 2001


  • Sicario 2001


  • Los ojos del tuareg 2000


  • Tiempo de conquistadores 2000


  • El inca 1999


  • Fuerteventura 1999


  • Ícaro 1999


  • Ciudadano Max 1998


  • León Bocanegra 1998


  • La sultana roja 1997


  • Matar a Gadafi 1997


  • Palmira 1997


  • África llora 1996


  • La iguana 1996


  • Negreros 1996


  • Piratas 1996


  • El agua prometida 1995


  • El anillo verde 1995


  • La ordalía del veneno 1995


  • Nuevos dioses 1995


  • Brazofuerte. Cienfuegos V 1993


  • Xaraguá. Cienfuegos VI 1993


  • Montenegro. Cienfuegos IV 1992


  • Viaje al fin del mundo. Galápagos 1992


  • Azabache. Cienfuegos III 1991


  • Caribes. Cienfuegos II 1990


  • El perro 1989


  • Anaconda 1987


  • Cienfuegos 1987


  • Marea negra 1987


  • Tierra virgen. La destrucción del Amazonas 1987


  • Bajo siete mares 1986


  • Vendaval 1986


  • Mar adentro. Océano III 1985


  • Marfil 1985


  • Morir en Sudáfrica 1985


  • Como un perro rabioso 1984


  • Isla de Lobos. Océano I 1984


  • Yáiza. Océano II 1984


  • Olvidar Machu-Picchu 1983


  • ¡Panamá, Panamá! 1983


  • Tuareg 1980


  • Viracocha 1980


  • Ébano 1975


  • Manaos 1975


  • ¿Quién mató al embajador? 1975


  • La estela de Orellana 1974


  • Tras las huellas de Alec 1971


  • Arena y viento 1953

Nota: La fotografía del autor la he sacado de la web www.papelenblanco.com si alguien la reclama la retiro.

8 de febrero de 2009

ESCLAVOS DEL DINERO

RETO DE TRES PALABRAS (EL CUENTACUENTOS). En esta ocasión no se nos da una frase, sino que del último relato que hayamos escrito hemos de seleccionar: la segunda palabra del primer párrafo, la cuarta del segundo y la sexta del tercero para introducirlas en una nueva historia. Mis palabras son:

Luna, lagos, día (extraídas de "Luna en el techo").

Escrito a raíz de la noticia de un grupo que operaba en España con el tráfico de personas.

Sentado a la intemperie, con el muñón que tiene por pie al descubierto, espera con ansia alguna moneda; pero sobre todo una cálida sonrisa que de verdad arrope y caliente su dolorida alma. No obstante, la gente pasa de largo. Y apenas unos pocos agachan su mirada hacia su cuerpo postrado en la acera. Junto a él, en el suelo, un perro pulgoso hace juego con su maltrecha apariencia de hombre maltratado por la vida.

Ambos, hombre y perro, cuentan sus días por la debilidad de los ladridos y las escasas veces que el pobre animal agita ya su cola en señal de alegría. Ni tan siquiera la luna consigue arrancarle más que un aullido lastimero en la oscuridad de la noche. Aun luciendo el astro su inmensa tripa embarazada, de su garganta canina tan sólo sale un débil quejido, que más que aterrar, produce profunda y sincera lástima a quien lo escucha.

El hombre acerca su mano al hocico del lastimoso animal y sus labios trazan al compás de ese movimiento una mueca de ternura infinita, mientras el piojoso can lame la mano que se le entrega. Recordando quizá mejores tiempos, mejores días… el hombre mira sin disimulo su muñón y se siente afortunado frente a la desdicha de su mascota. De sus ojos azules y repletos de inocencia y sinceridad, brotan lágrimas que reproducen la luz de una hermosa vidriera. Las lágrimas vertidas caen al plato casi vacío (como cada día) del pobre chucho, y forman con las escasas bolas de carne que hay en él, una especie de pasta fangosa que en nada se parece a la comida que los dos se merecen.

A escasos metros de ellos, desde un coche alguien los observa con auténtica avidez. A veces baja del vehículo, y como un satélite espía, pasea por los alrededores con aire absorto, mientras no pierde detalle de la infeliz pareja. Gira una y mil veces cerca de ellos, en órbitas perfectamente controladas, pendiente de cuántos se les acercan y dejan limosna o de cuántos se limitan tan sólo a leer el cartel plagado de faltas de ortografía para infundir más pena…

Parece que la mañana ha sido fructífera. A las 14h, como cada día, el cánido y su desafortunado amo caminan con pesar a cumplir con su entrega. En el portal de siempre, el número trece de una calleja infestada de ratas, unas manos repletas de anillos de oro y coronadas con la manga de una elegante y cara chaqueta, hacen recuento y cobran con cada moneda la deuda más dura que uno se puede cobrar: la de la dignidad. El acreedor, con la misma cara del diablo y la mismísima corrupción que Lucifer circulando por sus venas, ignora las peticiones de sus esclavos. Y con el nuevo látigo de los tiempos, el dinero, destruye los sueños de bienestar y libertad, que se atrincheran en los dos pares de ojos azules que le miran desde la siniestra inmensidad de unos lagos... pidiendo ser libertados de la opresión, de su yugo de hijo desagradecido y descastado.

1 de febrero de 2009

LUNA EN EL TECHO

Frase de Ártico para El Cuentacuentos del libro "La ladrona de libros": "La luna estaba zurcida al techo".
Esta vez pretendíafotos-fantasia-peq hacer algo distinto y aunque el resultado no me agrada en absoluto... era esto o no escribir nada o lo que es peor... Tirar todo a la papelera. En fin... opinad como lo habéis hecho siempre y no reprimáis vuestras lenguas. Si lo consideráis malo, decidlo y si no... con más motivo (ji,ji).


LUNA EN EL TECHO
La luna estaba zurcida al techo
42-16138096con sonrisa de princesa.
Y pedía a gritos un beso
que llevar a sus labios blancos.
 
Sus ojos, dos lagos azules,
miraban la vida pasar,
agarrada de su mano iba
la muerte como un ave rapaz.
 
En aquel sótano maldito
el día y la noche se fijaban al cuerpo
presagiando algo grande,
algo terrible y siniestro.
 
La luna desde su pedestal
regalaba a quien quisiera
sueños de terciopelo
y caricias de barro…
para olvidar la tristeza
y romper con el destino
devolviendo la pureza
al corazón de los amantes
y reponer la paz y el sentido
al centro de la Tierra.
 
Liesel desde su cama
dibujaba pensamientos
en forma de palabras
y se agarraba a la esperanza
con la fuerza de la alegría
que da el saberse querida.
 
Pero un desgraciado día
las lágrimas llenaron sus ojos
cuando aquel cuadernillo
escapó de sus manos
y guió sus pasos…
hacia el exterior derruido.
 
Afuera no quedaba nada,
no quedaba nadie
sólo la podredumbre
de la muerte...
que se respiraba en el aire.
 
Sus sueños se borraron
sus sonrisas se marchitaron.
De la pobre Liesel
sólo queda a la vista…
su corazón destrozado.