Otros locos maravillosos

1 de abril de 2010

ANTONIO COLINAS


Poeta español, nacido el 30 de enero del año 1946 en La Bañeza (León). Estudioso del premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre y traductor de muchos poetas italianos.

Su obra literaria es una síntesis de ensayo y poesía; en 1982 publicó su obra Poesía 1967-1981, en la que incluyó título como Sepulcro en Tarquina (por el que ganó el Premio Nacional de la Crítica en 1975) y Astrolabio.

Entre otros premios, galardones y reconocimientos, destacan el Premio Nacional de la Crítica en 1975, el Premio Nacional de Literatura en 1982, el Premio de las Letras de Castilla y León en 1999 y el Premio Nacional de Traducción por sus trabajos al castellano de las obras del poeta italiano Salvatore Quasimodo.

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Os dejo aquí un par de sus maravillosos poemas y recordad que a menudo la poesía resulta compleja para ser comprendida, pero siempre la palabra de un buen verso revoloteará en nuestra mente y espíritu y nos parecerá hermosa. La poesía es dejarse arrastrar por la musicalidad de cada sonido, más que empeñarse en dar con el significado oculto que hay tras ella. En cualquier caso hay que disfrutarla:

LA LLAMA

Hoy comienzo a escribir como quien llora.
No de rabia, o dolor, o pasión.

Comienzo a escribir como quien llora

de plenitud saciado,

como quien lleva un mar dentro del pecho,

como si el ojo contuviera toda
esa inmensa colmena que es el firmamento
en su breve pupila.

Me enciendo por pasadas plenitudes

y por estas presentes enmudezco.

Lloro por tener cerca una mujer,
por el agua de un monte

que suena entre cipreses en un lugar de Grecia;
lloro porque en los ojos de mi perro
hallo la humanidad, por la arrebatadora
música que quizá no merecemos,
por dormir tantas noches en sosiego profundo
bajo el icono y en su luz de oro,
y por la mansedumbre de la vela,
que sólo es eso, llama.


Comienzo a escribir y también la escritura
llora, porque respira y quema, porque pasa.
Qué gran gozo sentirme

yo mismo esa palabra que va ardiendo.
(Porque yo también ardo y también paso.)


Contemplo una llama muy quieta en la penumbra
de suaves jardines,
a la orilla de un mar calmo y antiguo,

y me voy encendiendo con la dicha

de saber que no existe otra verdad

que no sea esa llama, es decir,

la del amor que es don y que es condena.

Son llamas las palabras y son llamas los ojos,
que lloran sin llorar por el ser que yo fui

(aquel fuego cansado que temblaba
junto a otros jardines de otro mar)
y por el ser que ahora está mirando

fijamente una llama,

y que es, en soledad, la llama más gozosa.

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FE DE VIDA

Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas)
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas).

Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de orquídeas
en las calas olvidadas.

Sólo permanecer viendo el ave que pasa

y no regresa; quedar

esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie de relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca

que, no siendo nada, parece ser feliz.

Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,

como un remo perdido.

O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.

Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.

Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),

sino simplemente con la luz de este mar.

O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor,
o con la luz de todos los azules.

Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,

que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.

Que alguien me tenga en su mano como a un puñado de sal.
O de luz.

Cerrar los ojos en el silencio del aroma

para que el corazón —al fin— pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio

y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,

que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.

4 comentarios:

  1. Buona Pasqua anche a te
    ^________________^

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  2. Pupottina: molto grazie ma io no parlo italiano. Sea como sea gracias por pasarte por aquí. Un abrazo.

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  3. Pero bueno, mujer, ya que estás, pon algún poema. Ya sabes que en mi blog posteé uno no hace mucho.

    Sobre el autor, sólo se puede decir que es grande, muy grande. No he encontrado a ningún poeta que tenga un lenguaje tan bello como el suyo. Muchas veces, en lugar de intentar entender qué me quiere decir, simplemente me dejo llevar por las palabras.

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  4. Julián, programé la entrada y me olvidé por completo de colgar un poema, aunque naturalmente, ésa era mi intención. Tus deseos son órdenes, así que enseguida cuelgo aquí uno. Gracias. Un abrazo.

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