Otros locos maravillosos

19 de septiembre de 2010

BALADA TRISTE DE UNA MUÑECA

Paseando de nuevo por Ocio Zero me he animado a participar en el reto número 9: se pedía incluir en un relato de entre 500 y 1500 palabras los elementos que aparecen resaltados.
BALADA TRISTE DE UNA MUÑECA
Aquel hombre gordo con sonrisa de dientes retorcidos que le doblaba la edad y le hacía tan torpemente el amor amenazándola a menudo con un puñetazo o una colilla encendida, había abierto a Sandra la visión de un mundo aterrador al que no estaba acostumbrada en absoluto.

La furia de aquellos encuentros salvajes la había pagado con creces y todo a su alrededor parecía teñido de cierto pesimismo: su queridísimo gato Micifut había quedado ciego tras ser arrojado contra una de las paredes en uno de los arrebatos del seboso que Sandra tenía por marido; en una de tantas ocasiones la mesita favorita de Sandra, un regalo de bodas que le hizo su abuela, había quedado coja y trastabillaba cada vez que se la movía unos milímetros de la pared contra la que estaba apoyada, aun así ella prefería conservarla como vestigio de tiempos mejores y más felices; la que había sido la réplica exacta de una preciosa casa de muñecas quedó marcada en su interior por las palizas de aquella bestia que poco tenía de hombre, si uno miraba a fondo podía encontrar en ciertos rincones de la casa alguna que otra mancha de sangre reseca. Sin embargo no había denuncias.

Sandra aún recordaba aquellas maravillosas mariposas que revoloteaban en su estómago cuando Eduardo y ella eran novios, y albergaba la vana esperanza de que él aún las sintiera; otras veces soñaba con volar cogida a ellas y alejarse de él para siempre, pero ese momento no llegaba porque la dominaba el miedo.

Sus amistades habían sido relegadas a un segundo plano y apenas salía de casa. Su vida se había convertido en una galería del horror con pase privado, pues bien se cuidaba él de que nadie viera las marcas de los moretones, arañazos ni quemaduras. El silencio era la mejor de las coartadas para aquel asesino que se había iniciado en su macabra carrera con ella. Hasta el juego al que jugaba cuando todavía era una niña rubia como tantas otras (imaginando formas con las nubes), había perdido su encanto: cada nube que pasaba tenía para ella actualmente forma de retrete, de lápida o de abominación.

La situación se prolongó durante años, hasta que por fin ella consiguió su ansiada libertad: nunca la muerte repentina de un marido fue tan bien recibida. Lástima que la justicia no lo interpretó de ese modo.

8 comentarios:

  1. Wow! (Pero qué angustia...).

    Un beso.

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  2. Anónimo20/9/10 7:33

    Muy triste historia y, por desgracia, muy real. Pero gran final para ese #*@~.
    Me gusta el reto de poneros palabras y ¡a ver qué sale!, interesantes resultados.
    Besitos de los 3.

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  3. Que la justicia sea ciega es un adversidad en situaciones así.
    Dicen que no existe el buen crimen, pero siempre la libertad ha costado vidas, claro que si es portando una bandera es una heroína, y si es un cuchillo de cocina en un piso es una asesina.
    Pero una cosa tengo clara, y es que esos cabrones tendrán su castigo, porque la justicia será ciega pero es eterna, aquí y allá en lo que creámos.

    Este año van 48, eso en nuestro mundo, en otros no hay cifras de lapidaciones y demás. Tu relato es un buen medio de impedir que nuestras mentes, digo que se duerman, pero sí que bajen un poco la atención sobre el tema.

    Un abrazo!

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  4. Qué contundencia Sechat! Me ha encantado...

    Un abrazo

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  5. JuanMa:

    ¡Ojalá nunca hubiera que contar más casos similares a éste! Un abrazo.

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  6. Mo:
    una historia muy dura sí, pero lamentablemente real y común.

    Besotes a los tres.

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  7. Carlos: nadie mejor que tú, como abogado, sabe hasta dónde llega el brazo de la ley.

    Un abrazo enorme.

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  8. Maat:

    Me apena y "alegra" a partes iguales, comprobar que este relato ha gustado. Es una historia demasiado cruda para mantenernos indiferentes.

    Un besote.

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