Tiene el día un magnetismo
que me abraza en las veredas
con sus besos soleados y
amarillos, con sus montes,
sus árboles y praderas.
Tiene el día un magnetismo
que rompe con mi ceguera
susurrándome paisajes,
pueblos, caminos amigos…
animales y poemas.
Tiene el día un magnetismo
que por mi piel culebrea
desde que amanece al alba
hasta que toca el horizonte
y se inmola en su hoguera.


