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¿Quieres serlo también tú?

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27 de septiembre de 2010

SIN RESERVAS

Ni sé cuánto lleva esto escrito dando vueltas y más vueltas. En fin, me decido a publicarlo, aunque con ciertas reservas, porque es muy personal, pero bueno aquí lo dejo para quien quiera leerlo.


Dedicado a...

El silencio resulta irritante
la mirada inservible y
te sigo negando un abrazo
o una palabra amable
que rompa mi pose
de fingida frialdad.
Mientras tanto 
el tiempo se agota...
me agota, 
me asfixia,
me aterra...
me duele.

Porque mi balanza del amor
está descompensada 
desde que recuerdo,
y el último tren
partió hace años
de mi andén
 en otra vida que ya no me pertenece.
Una vida de la que salí
cuando tú viniste a mi encuentro
y rescataste mis huesos
de aquel infierno
sin que yo supiera 
que lo hacías.

Antes era otro el que movía
mis sueños,
mis deseos,
pero la película
siempre acaba del mismo modo:
cada uno por su lado,
como amigos por un tiempo,
demasiado escaso para mi gusto. 
Y transcurrido ese límite
yo vuelvo a mi rincón
donde la soledad me acoge 
sin reservas
y la infelicidad
se convierte en mi segunda piel
en mi primer y segundo apellidos.

Por eso me puede más el silencio...
esta ridícula e incómoda timidez
que me destierra de tu lado
por más que quisiera estar contigo.
 Y te quiero como eres, 
divertido y fanfarrón,
fiestero...
pero no me atrevo a confesarlo. 
Eso sí, prometo que si alguna vez
lees en mi corazón
verás que sus páginas
están vírgenes de lectores.

Nota: Me pediste una vez que te dejara leer algo de lo que escribo y que nunca hubiera leído nadie (probablemente lo hayas olvidado). Prometo que si lees en mi corazón encontrarás relatos y poemas inéditos que creo a medida que pienso en ti. Una de las innumerables cosas buenas que me ha pasado después de conocerte es que por fin vuelvo a escribir poemas. Gracias, para mí eso es impagable.

26 de septiembre de 2010

MIS PRIMEROS PASOS HACIENDO HAIKÚS

Soy consciente de la falta de calidad estilística de estos Haikús, pero procuro aprender un poco cada día y estos son pequeños ensayos que hago por el camino. Llevan escritos casi un mes, pero me daba vergüenza rescatarlos... Al final no he podido negarme a ello, pues era eso o tirarlos deifinitivamente, y opté por programar con mucha anticipación esta entrada (de ahí las altas horas de la madrugada en que se publica) y así tener más margen para pensar sobre ello y tomar una decisión u otra.

002

Rana saltando
caballito del diablo
ciclo de vida.


003

Rosa perfecta
laberinto salvaje
tu boca riendo.

004

Hoja salvaje
abandona la rama
ocre vestida.

005

El sol ardiente
adormece la mosca
rompe la calma.

006

El muro estéril
enredadera verde
lo resucita.

19 de septiembre de 2010

BALADA TRISTE DE UNA MUÑECA

Paseando de nuevo por Ocio Zero me he animado a participar en el reto número 9: se pedía incluir en un relato de entre 500 y 1500 palabras los elementos que aparecen resaltados.
BALADA TRISTE DE UNA MUÑECA
Aquel hombre gordo con sonrisa de dientes retorcidos que le doblaba la edad y le hacía tan torpemente el amor amenazándola a menudo con un puñetazo o una colilla encendida, había abierto a Sandra la visión de un mundo aterrador al que no estaba acostumbrada en absoluto.

La furia de aquellos encuentros salvajes la había pagado con creces y todo a su alrededor parecía teñido de cierto pesimismo: su queridísimo gato Micifut había quedado ciego tras ser arrojado contra una de las paredes en uno de los arrebatos del seboso que Sandra tenía por marido; en una de tantas ocasiones la mesita favorita de Sandra, un regalo de bodas que le hizo su abuela, había quedado coja y trastabillaba cada vez que se la movía unos milímetros de la pared contra la que estaba apoyada, aun así ella prefería conservarla como vestigio de tiempos mejores y más felices; la que había sido la réplica exacta de una preciosa casa de muñecas quedó marcada en su interior por las palizas de aquella bestia que poco tenía de hombre, si uno miraba a fondo podía encontrar en ciertos rincones de la casa alguna que otra mancha de sangre reseca. Sin embargo no había denuncias.

Sandra aún recordaba aquellas maravillosas mariposas que revoloteaban en su estómago cuando Eduardo y ella eran novios, y albergaba la vana esperanza de que él aún las sintiera; otras veces soñaba con volar cogida a ellas y alejarse de él para siempre, pero ese momento no llegaba porque la dominaba el miedo.

Sus amistades habían sido relegadas a un segundo plano y apenas salía de casa. Su vida se había convertido en una galería del horror con pase privado, pues bien se cuidaba él de que nadie viera las marcas de los moretones, arañazos ni quemaduras. El silencio era la mejor de las coartadas para aquel asesino que se había iniciado en su macabra carrera con ella. Hasta el juego al que jugaba cuando todavía era una niña rubia como tantas otras (imaginando formas con las nubes), había perdido su encanto: cada nube que pasaba tenía para ella actualmente forma de retrete, de lápida o de abominación.

La situación se prolongó durante años, hasta que por fin ella consiguió su ansiada libertad: nunca la muerte repentina de un marido fue tan bien recibida. Lástima que la justicia no lo interpretó de ese modo.