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¿Quieres serlo también tú?

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14 de noviembre de 2010

Poema inacabado

Soy delincuente suicida
en versos estrechos
a veces
largos, sinuosos y obtusos en otras,
que me abrazan
o lapidan
y me hielan la sangre.

Por momentos
la vida juega entre ellos
y regatea tristezas
poniendo la zancadilla
al pasar del tiempo
a la ceguera del amor
abocado al fracaso…
al mal menor que es el destino.

Pero de una u otra forma
asomas tú en el oleaje
de esta locura,
de esta febril victoria
frente al silencio,
y sonrío dichosa
porque el dolor
me hace sentir VIVA
y sólo la muerte
firmará mi sentencia
con su inexorable
puño de hierro.

No me importa...
me gusta el camino.

7 de noviembre de 2010

DESTINOS ENFRENTADOS

DESTINOS ENFRENTADOS

"No hay dolor peor que tener a dos personas viviendo en un cuerpo" (pág. 115 del libro Sé lo que estás pensando, de John Vernon). Frase propuesta por mí para El Cuentacuentos y que se nos lanzaba la semana pasada para comenzar la historia.

Barcelona, 15 de octubre del 2010
“No hay dolor peor que tener a dos personas viviendo en un cuerpo. Abocadas al antagonismo, sabes que una irremediablemente acabará asfixiando a la otra. La diferencia entre una persona de a pie más o menos inocente y un asesino en serie, es en esencia el autodominio para que la parte menos violenta, menos animal, de su propio carácter  prevalezca sobre su lado más vergonzante. Pensad sobre ello.”
(***)
            El discurso había resultado fructífero. Marina no esperaba gran cosa de su primera clase de criminología, pero aquel profesor del que era incapaz de pronunciar el apellido conseguía cautivar a toda la sala sin apenas esfuerzo. Ni siquiera había tomado apuntes y ello lejos de desconcertarla (era extremadamente metódica) la sumía en un halo de orgullo al que no estaba acostumbrada. Salió del aula, por primera vez en muchos años, con una sonrisa de triunfo. Por fin estudiaría algo que de verdad le llenase.
            La joven estudiante, rememoraba las aseveraciones de algunos de sus compañeros y el silencio sepulcral que se había instalado en el aula 215, tras el acalorado debate, pues la misma y escalofriante conclusión asomaba en las caras de asombro de cada uno de los presentes: todos somos asesinos en potencia, sólo se precisa el detonante preciso, algo así como la proteína en la cadena del ADN que completa nuestra propia secuencia.
(***)
           
Barcelona, 7 de abril del 2010
Ricardo jamás imaginó que un exitoso hombre de negocios como él pudiera acabar mendigando por las calles, y que más pronto que tarde, a menudo los únicos con quienes intercambiaría unas palabras serían los grillos de la campa donde tendría sus escasas pertenencias.
            Con el tiempo había logrado acostumbrarse a aquella situación y había llegado incluso a valorar positivamente algunos de los aspectos de su nuevo estado; pero a lo que no lograba acostumbrarse era a la repulsa que leía en las miradas de los viandantes. Cuando veía a algún joven abogado solía acercarse a él diciéndole: “tú puedes ser el próximo”. Más como advertencia disuasoria para que el joven comprendiese la fragilidad de la frontera que separa a pobres de ricos que como amenaza; pero aquella actitud intimidaba a los transeúntes y encendía los ánimos de los dueños de los comercios cercanos que consideraban que eso reducía la clientela.
Barcelona, dieciocho meses antes
            Pronto la noticia corrió como la pólvora y ambos socios acabaron enfrentados: Ricardo y Emilio, amigos desde niños, apenas intercambiaban una mueca de desprecio el uno hacia el otro cuando se cruzaban por los pasillos del bufete del que ambos eran cofundadores. La Sociedad acabó por disolverse tras la salida a la luz del escándalo supuestamente protagonizado por Ricardo.
            La prensa más sensacionalista a fin de conseguir incrementar las ventas o un mayor índice de audiencia, se hizo eco de la noticia sin contrastar las informaciones. Y poco a poco hasta los medios de comunicación más prestigiosos del país siguieron sus pasos. Nunca hubo disculpas.
            Se puede decir que aunque Ricardo había terminado por ser declarado inocente de todos los cargos imputados, la sociedad le había condenado al ostracismo. Para muchos siempre quedaría la duda de si había prevaricado o no, y sobre todo de si había estado implicado o no en la trata de prostitutas en la provincia de Barcelona: las imágenes trucadas mostraban a un Ricardo insultantemente corrupto, en actitudes comprometedoras y en escenas subidas de tono con algunas de las chicas envueltas en todo aquel turbio asunto.
(***)
            Marina encendió la televisión de la cocina mientras preparaba la cena. Esa noche sus compañeras de piso tenían una fiesta en la facultad y ella había optado por no ir en el último momento. Tampoco Silvia quiso acudir: “tengo otros planes”, se había excusado misteriosa.
            De la habitación del fondo, la de Silvia, salían ruidos: risas entrecortadas y rechinar de muelles. Era evidente cuáles eran los planes de la chica para esa noche.
            Cuando al cabo de unos minutos aquel cincuentón atravesó el pasillo colocándose el cinto y subiéndose la cremallera de sus pantalones, Marina no daba crédito a lo que veía. Entre perpleja y escandalizada se encaminó hacia la habitación de Silvia para pedirle explicaciones.
            Haría aquello no sólo por el bagaje de su estricta educación de colegio de monjas, sino porque no quería que los vecinos pusieran en aviso a la policía: sus abuelos , tutores legales de ella, no podrían soportar un escándalo de tal envergadura, estuviera Marina o no implicada en ello. Decidió no llamar a la puerta. Descubrió a la que hasta entonces había sido su amiga, totalmente desnuda observándose frente al enorme espejo vertical que había en el lateral; en la mano derecha tenía un fajo de billetes y con la otra se introducía un objeto entre las piernas. Silvia absorta en su propio placer, no oyó entornar la puerta.
            A Marina le costó asimilar lo que veía. Pero había alguien más en la habitación de su compañera de piso. Un chico que le era extrañamente familiar,contemplaba extasiado a la chica desnuda y se frotaba con auténtico nerviosismo la entrepierna; tampoco él se percató de que estaban siendo observados, y ajeno sa ello se aproximó a la chica morena y la giró para acariciar con su mano libre los pezones rosados, mientras con la lengua recorría primero el cuello y los hombros de su pareja hasta descender al hueco que quedaba entre los redondos senos.
            El chico era Víctor, su novio, según comprobó la pobre Marina. Mejor dicho su ex-novio, el mismo que le había insistido tanto en que fuera a la fiesta con sus amigas preocupado por ella,  porque le había indicado que él iba a estar fuera de la ciudad ese fin de semana y no quería que ella se aburriese. Trató por todos los medios de no ceder a los celos, ni a las lágrimas, pero no pudo.
            El arrebato de locura surgió como una auténtica explosión pillando a todos por sorpresa. Gritos, insultos, empujones… Fuerzas descomunales regían sus movimientos y la Marina prudente, la niña buena que siempre hacía lo correcto, quedó estrangulada bajo la furia y la cólera de la Marina perversa y vengativa.
(***)
Parc de Collserolla (Barcelona), 16 de junio del 2024
            Marina cumplió su condena, pero no tuvo redención. Ni siquiera ella pudo perdonarse por aquello. La única y última vez en que su lado más pernicioso dominó su vida, todos sus proyectos se habían volatilizado.
            La mujer que ahora se enfundaba ropas dos tallas más estrechas y calzaba botas de caña alta con tacones interminables, nada tenía que ver con la brillante criminóloga que soñó con ser algún día. Pero no se quejaba, no podía permitírselo. Richard, su chulo, un abogado venido a menos, (según solía presumir de vez en cuando entre borrachera y borrachera), estaba cerca, negociando con un nuevo cliente y ella había de estar dispuesta para él, así se ganaba la vida al fin y al cabo.