Otros locos maravillosos

10 de marzo de 2011

LA DESTRUCCIÓN DE “LA RAZA” (2ª parte)

“El Gran Presidente anuncia a todas las naciones, sin excepción, la imperiosa necesidad de crear un plan de emergencia y evacuación masivos, ante los últimos sucesos acaecidos en todos los puntos del planeta. Nuestros espías insisten en afirmar que los ataques bélicos y las catástrofes naturales recientemente sucedidas tienen un mismo origen. Varios expertos están tratando de averiguar cuál es. Se convoca pues, a todos los Presidentes miembros del G300 a que se personen con sus respectivos Ministros de Asuntos exteriores para hablar sobre cómo proceder en cada caso. (…) la conferencia se celebrará bajo el más alto secreto en la sede de la antigua ONU y tendrá lugar de noche. Se valdrán para despistar a los entrometidos medios de comunicación sobre nuestra presencia allí, de la conmemoración del 200º Aniversario de su bombardeo. (…), queda terminantemente prohibida la aparición en público durante el día (…), así como (…). Los equipos científicos de clonación de nuestro Grupo llevan trabajando varios meses en un proyecto sin precedentes para clonar genéticamente a cada uno de los principales dirigentes del planeta y ya han finalizado. Dichas réplicas semihumanas se liberarán en cuanto comience la celebración del supuesto aniversario. Ellas serán las encargadas de disuadir a la opinión pública y preservar los verdaderos motivos de nuestra convocatoria (…).”
El presidente no podía dar crédito a lo que acababan de comunicarle. Tuvo que visualizar por varias veces aquella información y aun así no salía de su asombro. El Gran Presidente no hubiera hecho un comunicado tan catastrofista, de no resultar de verdad apremiante una intervención directa por parte del Grupo. Trató de analizar por separado los últimos acontecimientos, pero irremisiblemente llegaba a la desoladora conclusión de que todos ellos estaban relacionados. Resultaba a todas luces sorprendente una proliferación tan alta de amapolas en los sitios más insospechados de las grandes urbes, siendo ésa una flor ya extinguida según expertos en botánica, hacía cientos de años; tampoco eran fácilmente explicables los maremotos, seísmos y entradas en erupción de volcanes supuestamente dormidos. Por último estaban las recientes llamadas a las armas por parte de algunos grupos paramilitares en diversos países y la incipiente tensión entre países que no luchaban entre sí desde hacía décadas… “Justo tras la última firma de Paz Global”, pensó para sí. La cuestión era por tanto, más compleja que meros hechos aislados y hacerla frente no sería nada fácil. No era partidario, no obstante de la huida. Como veterano gobernante intuía que no todos los hombres serían elegidos para ese gran exilio y él era uno de esos pocos políticos íntegros, que se debían a sus votantes. Además la colonización espacial de que hablaba el Gran Presidente en su comunicado podría acarrear problemas mayores a los que ya tenían.

(***)

— Apolo—, dijo Hipnos en un susurro apenas audible— avisa a los nuestros de lo idóneo de dar comienzo a la segunda fase del plan. Nosotros ya hemos cumplido nuestra parte.

Apolo presuroso, a sabiendas de la importancia de la celeridad para llevar a cabo el plan trazado generación tras generación en lo profundo de la roca, viajó sin descanso hacia el grupo mayoritario. Su cometido como mensajero resultaba esencial. El gran druida y el resto aguardaban sus noticias, en medio de bosques.

(***)

—No quiero que vayas. Temo que un día te detengan y ¿qué sería entonces del niño y de mí sin ti? Por favor, no vayas a esa reunión—suplicaba la mujer entres sollozos—. No son buenos tiempos para filósofos, pensadores, ni mucho menos para escritores. ¿Has olvidado ya el último decreto?— imploraba.

—Mujer, tendré cuidado. Sabes que no puedo vivir sin mis libros. No me reproches también tú, mi labor clandestina. Tú no, por favor… No podría soportar la idea de que también tú me traicionases. Prometo volver antes del toque de queda de las tres de madrugada. ¿Acaso no te preocupa lo que está sucediendo en el mundo en los últimos días?, ¿no te inquietan las pesadillas de nuestro hijo? Presiento que hay parte de verdad en ellas y sólo quiero corroborarlo. No estaré solo, te lo aseguro. Somos unos cuantos los que tenemos esa misma sensación y es mucha coincidencia para estar todos equivocados. Ve a descansar y estate tranquila; no me pasará nada, cariño. Te lo prometo.

—Prométeme que no llevarás ni ordenadores, ni nada similar ni mucho menos papel—insistió ella, resistiéndose a que él se marchase y pronunciando esta última palabra con excesivo cuidado—. Todo lo que allí se diga lo grabarás en tu memoria, pero sin dejar señal alguna en ningún otro sitio…

—Ante todo soy escritor… lo que me pides iría en contra de mi naturaleza, pero entiendo tus temores. Sea pues, como pides—y se despidió de ella con un beso fugaz en los labios a la vez que dejaba sobre la mesa de la cocina algunas cuartillas de papel (uno de los materiales prohibidos tras el Gran decreto), sabía que ella se encargaría de hacerlas desaparecer de inmediato y sintió una dolorosa punzada en su corazón, por lo mucho que le había costado conseguirlas; un par de bolígrafos (objetos también prohibidos) y su megatablet. No quería contrariarla más aún. Tal vez fuese mejor así.

Mientras tanto, el único hijo de la pareja, fingía dormir en su habitación, pero permanecía tendido en su cama incapaz de conciliar el sueño, tanto por miedo a que se repitieran los malos sueños de las últimas noches como por la extraña conversación que acababa de escuchar a sus padres. ¿Su padre estaba haciendo algo ilegal?

Instantes después varias sombras se deslizaron desde varios portales en el más absoluto de los silencios. De vez en cuando alguna de ellas miraba a su alrededor tratando de captar ruidos inusuales… Todo parecía en calma o al menos en la que venía siendo la nueva calma de los últimos tiempos: de vez en cuando tras gritos infantiles se encendían luces en las viviendas… era el momento de las pesadillas, de los auténticos terrores nocturnos. En lo más alto de algunos edificios había vecinos apostados como centinelas tratando de terminar con el origen del desasosiego de los pequeños. Cada noche se relevaban y cambiaban el santo y seña. A las tres de la madrugada sería la Policía General la que se encargase de vigilar las calles y a partir de entonces sería imposible transitarlas sin ser descubierto.

Poco a poco las sombras se fueron alejando de la ciudad avanzando en silenciosa procesión hacia las afueras, tras pasar un desvencijado puente se introdujeron por la pequeña abertura de una rota alambrada y se internaron en la vieja fábrica abandonada que usaban como sede de sus asambleas. “Fábrica y bazar de los hermanos Qunwei Qunjie, S.L”, rezaba el cartel, por supuesto en inglés, el único idioma permitido por el Gran Gobierno y, que apenas se sostenía en pie sobre su fachada; en el dintel los restos de un pequeño dragón chino de madera daban la bienvenida a los recién llegados.

(Continuará…)

4 comentarios:

  1. ... y ahora nos enseñas la perspectiva de los hombres, que no lo saben la que se les viene encima jajaja pero también hay hombres buenos!! jo, no sé qué quiero que pase :P

    Ya me dejaste intrigada el otro día, hoy sigo igual, quiero tercera parte YA!!

    Enhorabuena, me ha gustado mucho :)

    Besos!!

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  2. Atenea,

    la tercera parte la tengo en mi cabeza, lo prometo, pero no he tenido apenas tiempo para ponerme en el ordenador. Espero poder colgarla por aquí en los próximos días.

    Un besazo.

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  3. Madre mia pero de donde sacas tu estas ideas? esperé a leerte para hacerlo con la segunda parte y aún hay una tercera.
    Me tienes intrigada.

    espero la continuación.

    besos

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  4. ^^ Jara:
    Me temo mucho que esto se va a convertir en una pequeña novela :D porque por más que trato de cerrarla ya, son muchas las ideas que afloran y no hay forma de llegar al desenlace. Me preocupa aburriros, con tantos capítulos.

    En fin, un besazo.

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