Otros locos maravillosos

16 de mayo de 2011

CIUDAD EN SOMBRAS

Jara, la responsable de esta nueva etapa en El Cuentacuentos, ha decidido ponerme en un compromiso con mis compañeros cuentiles y ha propuesto que elaboremos un relato con al menos una de estas tres frases que yo propuse, mucho mejor si se usan las tres, por supuesto:

11. La ciudad despertaba, pero lo hacía envuelta por las sombras.
12.
Siempre había querido un/a hermano/a gemelo/a pero no estaba preparado/a para luchar...
13.Nadie había forzado la cerradura, pero su experto olfato le decía que en aquella casa se había producido un crimen.



NOTA IMPORTANTE:  Mientras transfería el texto desde Windows Live Writer a Blogger tuvo lugar una incidencia informática, de esas que parecen propiciadas por una mala alineación de los planetas y para mí desgracia han desaparecido los 2/3 restantes del texto. En esta primera parte que pretendía mostraros, usaba las tres frases y creaba historias paralelas a la principal. No puedo recuperar el texto de ninguna de las maneras porque ni siquiera puedo acceder al borrador del Live Writer (mañosa que es una, con la informática) y me veo obligada a reescribir letra por letra y párrafo por párrafo la historia otra vez. De momento tendréis que conformaros con esto que ni mucho menos es el final. Mucho me temo que hoy tampoco iré al gimnasio, tratando de reinstaurar la normalidad en esta entrada. ¡Maldita magia negra!

La ciudad despertaba, pero lo hacía envuelta por las sombras. No cabía explicación, ni pronóstico alguno podría haberse anticipado a aquel suceso. Una inquietante oscuridad cubría hasta el más recóndito de los sitios por calles, plazoletas o edificios, como una masa informe y etérea que lograba envolver todo bajo su espeso y negro manto.  En absoluto, se trataba de un simple apagón general o consecuencia de la confabulación de un grupo de expertos hackers inconformistas que hubieran conseguido entrar en los sistemas informáticos de las grandes centrales de suministro eléctrico, sino de algo más aterrador que lograba poner nerviosos a humanos y animales por igual. Nada funcionaba: ni ascensores, ni móviles, ni radios o televisiones. Miles de familias se vieron aisladas y obligadas a comer a base de alimentos que no requerían ser calentados. Se fuera donde se fuera se repetía la misma situación.

Las bestias nocturnas salían de sus escondrijos imperturbables y recorrían la ciudad en busca de alimento propiciando un ambiente aún más fantasmal. Sin posibilidad de comunicarse con el exterior ni unos con otros, con el tiempo los más devotos se agolparon a las puertas de iglesias y mezquitas tratando de reconfortar su alma y confesar sus pequeños pecados a los dioses de sus creencias; lo hacían día y noche, aunque nadie supiese a ciencia cierta cuándo comenzaba uno y cuándo la otra. Ante el miedo imperante los psicólogos trabajaban a horario completo mitigando en gran medida la opresiva sensación de inseguridad, que esas inesperadas sombras habían traído consigo, como lo hacían también los párrocos; pero ni ellos como expertos de los males del alma, ni los otros como expertos de la mente estaban exentos de esa terrible sensación de ahogo y pesar. Por su parte, falsos profetas adoctrinaban a los más débiles y reunían nuevos acólitos como piezas de enormes rosarios que aplastaban bajo sus manos con sus fatalistas ideas: siempre ha habido gente que saca partido de las catástrofes.

La realidad plagada de ese contagioso sentido de inseguridad se había convertido en un peligroso juego de pequeños altares al terror. Cualquiera que consiguiera devolver la normalidad precedente a los cetrinos rostros de los habitantes, sería bienvenido. Los cementerios se habían convertido en un lugar tan habitable como la propia casa y no resultaba extraño celebrar bodas en aquel insospechado enclave, al amparo de búhos y lechuzas; comadrejas; grillos o luciérnagas. Locura y miedo formaron con el tiempo un tándem irrompible en que la esperanza había pasado a ser una palabra desconocida y en desuso, vestigio de un tiempo y una era irrecuperables.

La palidez y las ojeras tatuadas por el insomnio en los cuerpos y rostros de adultos y niños completaban ese imperio del pánico, haciendo de los ciudadanos de aquellas eternas sombras, agonizantes esclavos de la incertidumbre, al servicio del mal con mayúsculas, sin ser conscientes de ello.

Sueños y pesadillas habían pasado a ser lo mismo y los deseos más insospechados pesaban con fuerza sobre las conciencias hasta convertir a cada persona en un púgil que peleaba contra todo y todos, sólo por el afán de lograr esa felicidad tan esquiva de la que se hablaba en los cuentos de hadas y que en el fondo tomaban por falacia.

La ciudad, pasó a ser un gueto frente a ciudades vecinas y se quedó tan aislada y solitaria e imponente como un enorme bastión sobre el borde de un acantilado: extraña y misteriosa, atractiva y oprimente encerraba en su interior la perfección de lo imperfecto; un pútrido y maldito lugar que era mejor obviar.  Las carreteras pronto se tornaron en sinuosas circunvalaciones que bordeaban aquel rincón del planeta para evitar ser contagiados de su plaga. Pronto no quedarían más que cadáveres en la ciudad, pues los niños nacían medio asfixiados por la negrura del alma de una madre que los paría y un padre que los acunaba entre los espasmos de la tristeza, conscientes de que estaban abocados a no salir de aquel infierno generación tras generación.


(porción provisional. Texto incompleto)
(***)
Nadie había forzado la cerradura, pero su experto olfato le decía que en aquella casa se había producido un crimen. Los sobres acumulados bajo la puerta y el descuidado aspecto de sus maderas indicaban con certeza cuando menos, meses y meses de abandono. El fuerte olor que se adivinaba en el interior dejaba traslucir la existencia de pequeñas ratas y otro tipo de alimañas en el inmueble; cosa que ya se intuía desde la calle.


Eran ya diecisiete los años en que la oscuridad de grises, negros y sepias llevaba instaurada de manera permanente en la ciudad, y en ese período, muchos habían sido los paseos de punta a punta del villorrio en busca de violadores o asesinos: al principio fueron otros quienes lo hacían, más adelante, una vez cumplida la edad pertinente, esas persecuciones corrieron a su cargo. Estaba tan acostumbrado a perseguir bestias de esa calaña que podía detectar con antelación un delito, previamente al hallazgo de cualquier vestigio o prueba.


La expectación venció a la prudencia, e incapaz de aguardar a la llegada del resto de policías bajo su mando, forzó la puerta. Sin franquear el umbral, desde el descansillo iluminó el interior. Aquella peste perturbó su vigor. Con ayuda de la linterna y un pañuelo cubriendo la nariz y la boca, se adentró en las sombras de aquella inhóspita vivienda.


Telarañas y desconchones se mezclaban por paredes, muebles y tapices de gran riqueza artística. Grandes persianas totalmente bajadas, acrecentaban la oscuridad imperante. Pero era fácil adivinar que el piso era espacioso, elegante… señorial; lástima que se encontrase tan deteriorado. La suciedad abundaba por cada rincón y la fetidez hacía insoportable respirar. Al tratar de abrir una de aquellas enormes ventanas a fin de que penetrase un poco de aire fresco, tropezó con algo caído en el suelo: eran velas, colocadas en círculo; observando con detenimiento, comprobó que bordeaban el dibujo de una estrella de cinco puntas inscrita en una circunferencia. Se sobresaltó al descubrir un esqueleto humano. Junto a él restos de otros cuerpos, todos ellos de cuadrúpedos le dieron la mayor de las pistas: aquella había sido la sede de alguna secta satánica, pues se trataba de carneros.

Tras una breve llamada, y en cuestión de apenas media hora, el lugar se llenó de policías, forenses y biólogos, que miraban incansables paredes, techos y suelos. Símbolos celtas, astrológicos y jeroglíficos egipcios de gran belleza plagaban la casa y no había ni un sólo punto en que no se reflejará ese fanatismo esotérico. Todo un cúmulo de misticismo mal entendido que erizaba el vello impregnaba aquella vivienda. El lugar rezumaba locura y odio. Allí las tinieblas habían sido invocadas intencionadamente.


Manchas de sangre dispersas por cantones, marcos, rodapiés y tapicerías, unidas a las marcas de arañazos que todavía se percibían, mostraban que las víctimas no habían llegado allí por propia voluntad. Todo apuntaba a que había tenido lugar un forcejeo. 

(***)
Siempre había querido un hermano gemelo, pero no estaba preparado para luchar contra la maldad personificada.




6 comentarios:

  1. A mi me gusta la idea, cómo lo vas narrando y las descripciones. Creas ambiente, hasta colores imaginé (sepias, grises y negros)
    Me parece un buen relato que deberías desarrollar pues estos retos son forzados y hay que andar contando palabras y esas cosillas que están muy bien, pues me parece que como ejercicio de escritura son divertidos y creativos.
    Pero cuida más el final (ya sé... el reto, pero Sechat, es un buen relato que merece tu dedicación y darle más vida)

    Besos

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  2. ¡Buaaaa!, ¡Buaaaa! Gracias por tus palabras Ananda, pero es que el texto no acababa ahí, ni de esa manera... al trasladarlo desde Windows Live Writer al blog surgió un error y los 2/3 de la entrada se volatilizaron. Mi texto era mucho más extenso y contaba con una segunda parte que ahora no me veo capaz de escribir, después de todo el tiempo que dediqué a esta primera y que no aparece plasmada en su totalidad. Ahora por esta incidencia, me veo obligada a reescribir esa parte que ninguno habéis podido leer, lo cual es bastante frustrante, y además trabajar sobre el desenlace.

    El Cuentacuentos no es tan hermético en cuanto a extensión como lo son los retos de otros foros y eso es lo bueno, pero con lo que me ha pasado, la verdad es que no me veo muy animada a retomar la historia nuevamente. ¡Maldita magia negra! Estoy segura de que uno de mis personajes ha tenido mucho que ver en este contratiempo, ¡GRRRRRR!

    En fin, guapa, besotes.

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  3. Estuvo chulo.

    El último día, bloguer hizo de las suyas, no sé si te enteraste ¡Je,je! pero, en general, nada suele pasar. A lo mejor, ¿no sería mejor que lo escribieras en el blog directamente, sin usar otro tipo de programa? Yo es lo que hago :) Y a veces, por si no se me graban los comentarios, etc. Después de escribir lo que quería, lo subrayo todo y pongo copiar. Así, si pasa algo, cuando entre otra vez en el sitio, lo único que tengo que hacer es pegar y no repetirlo todo, que da rabia.

    Saluditos.

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  4. Kaixooo! Pues ¿sabes? Mas que un contratiempo pienso que has sabido con gran talento revertir la situación, y si el incidente en la red aparecía como un obstáculo que engulliría todo, me gustó mucho la observación que haces previa al relato en si, porque la veo como parte del propio relato.
    Es como si un personaje de esa ciudad hubiera escrito esas líneas antes del colapso.
    Lo que sigue es una narración del, posiblemente único superviviente que no tuviera mas tiempo decir nada mas.

    No se, pero lejos de verlo como algo incompleto me parece un escalofriante todo, un escenario que desvela la fragilidad de nuestra sociedad ante un final del modo de vida.

    Así que chapeau frente al contratiempo!! :)

    Un abrazote

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  5. Y tú hablas de escribir bien!!
    Esta historia es genial, espero verla cuando sea definitiva!!
    Bizkaina tenías que ser!!! jajaja
    Un abrazo!!!

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  6. Es que tu voto es importante, cada uno es importantísimo, y lo has expresado fenomenalmente "va a ser grandioso" porque así es.
    Creo que hasta ahora han monopolizado, casi que nos han robado, ese acto, esa manifestación grandiosa de democracia que es el voto, quitándonos como bien decís tú y Sara, la ilusión al hacerlo. Que si bien íbamos a votar libremente y con la sana idea de que teníamos algo que ver, despertábamos al día siguiente con la decepción de no apreciar cambio alguno.
    Pero esta vez creo que es diferente, que es algo grandioso!

    Un abrazote

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