Otros locos maravillosos

11 de junio de 2012

El Risco del Diablo (3ª parte)

http://mimundomiburbuja.blogspot.com.es/2012/04/el-risco-del-diablo-2-parte.html


Frase de Sechat para El Cuentacuentos: "Creo en Dragones. Al fin y al cabo, he visto sus cráneos."

—“Creo en Dragones. Al fin y al cabo, he visto sus cráneos. Éste es nuestra única esperanza”—repitió de forma conmovedora Kabdat a sus compañeros de viaje—. ¿No lo entendéis? Hasta que no invité a Horb a que recreará el dibujo de aquel tatuaje del anciano—el muchacho aún recordaba con cierto resquemor el brusco despertar de aquella madrugada—, no he podido avanzar más en mis sueños. La clave estaba en la reproducción exacta de ese pequeño esquema. A partir de ahí, el anciano reaparece cada noche en mi mente y me guía durante el resto de la jornada en nuestro camino. De él son estas palabras y no mías. Ahora sé con certeza que estamos haciendo lo correcto. Un dragón podría ser altamente peligroso en las avaras manos de Wrigley. Quienes hemos conocido al rey, sabemos de sobra que quien de verdad dirige el reino es el ministro.

—Vaya, Kab, no sé si eso dice mucho a nuestro favor. Además de perseguidos y llevar con nosotros un huevo de dragón, seguimos las indicaciones de un hombre muerto del que desconocemos algo tan básico como su nombre—. El hombretón soltó una de sus sonoras risotadas mientras palmeaba la espalda de su amigo. —No, no te inquietes. Te seguiré donde vayas. Solo se trata de una broma. Y ciertamente, Wrigley, no debería contar con un dragón como mascota.

—Mi señor, desde el este se acerca una tormenta—les interrumpió Horb—, convendría proseguir viaje o buscar refugio. No muy lejos de aquí hay una pequeña abadía abandonada, según creo. Bastará con que crucemos el puente de piedra que hemos dejado atrás recientemente y que de allí nos dirijamos al sudoeste.

—Sea pues. Aunque retrocedamos a todos nos vendrá bien un poco de descanso: los caballos comienzan a estar agotados y el calor de un fuego y unas paredes por mal que estén, siempre serán mejor que dormir a la intemperie otra jornada más.

—¿De veras crees que es acertado?—preguntó Gürth ya montado en su silla—. Si alguien nos sigue, cosa que sospecho desde hace días, así solo conseguiríamos un encuentro forzado.

—Confiaba equivocarme. Ahora tus palabras me lo confirman Gürth—respondió Kabdat—. Hay al menos un hombre a caballo tras nuestros pasos—, continuó haciendo gestos de asentimiento a su jovial y sorprendido escudero—. No he logrado adivinar ningún emblema y hasta ahora no lo he mencionado por no preocuparos y porque imaginaba haberle perdido en el último cruce—continuó von voz tranquila—. No obstante, es un riesgo que hemos de correr. Los caballos no aguantarán mucho más este ritmo y tampoco nosotros podemos. Iremos hacia esa abadía, aunque no por el camino que nos propones tú, Horb, sino bordeando esta colina que hay un poco más adelante. Uno de los senderos de su vertiente septentrional nos llevará directos a ese sitio que nos propones. Sea como sea, hemos de ser precavidos. No sabemos si ese hombre viaja solo o acompañado. Tampoco conocemos sus intenciones y hemos de presuponer que son las de darnos caza. Puede que lo más acertado sea separarnos por unos kilómetros para luego reunirnos en la abadía. Eso podría despistarle y dispensarnos un tiempo muy valioso.

—¡Excelente idea! Yo mismo retomaré el camino—se ofreció Gürth—. Si ese encapuchado tiene espada, gustoso seré yo quien le rete a desenvainar. Será divertido matar a uno de los esbirros de Wrigley. Podéis darme ya por vencedor. Por cierto, que si ese caballero tiene algo de comida, hoy por fin tendremos una buena cena y contaremos además con una montura de refresco—sin más palabras salió a galope tendido.

A los pocos instantes una ligera llovizna comenzó a caer sobre los dos hombres que Gürth había dejado en el claro. Cabalgaban en silencio, cada cual sumido en sus propios pensamientos, con los sentidos alerta. Bordearon la ladera oeste de la colina en pocos minutos, pero el lado norte era más escarpado. Se veían obligados a transitar por una estrecha cornisa. Bajo ellos un enorme precipicio podía acabar de forma trágica con su escapada tras un desafortunado traspié. Además el viento proveniente del este, y que arreciaba por momentos, golpeaba con saña sus vestiduras y les impedía ver con claridad. La falta de vegetación en aquella zona, convertía el sinuoso sendero en un tremendo barrizal resbaladizo e inestable. Aquel paraje contrastaba de forma llamativa con los lugares por los que habían pasado con anterioridad. Era asombroso descubrir a pocos metros de pinos o fresnos un rincón tan rocoso y agreste. Ese sitio era sin duda tan desolador en tiempos de sequía como en medio de la lluvia. Ni las bestias parecían cómodas en aquellos andurriales. Allí la vida era quimérica. Piedras, tierra y más piedras constituían todo el paisaje. Ni arañas ni serpientes se adivinaban en los huecos de aquel collado.

Obligados a ir en hilera, ambos peleaban por abrirse camino en medio de la ya intensa cellisca, guiados por el instinto de sus monturas. Cuanto más avanzaban más peligroso se hacía el camino y más trabajoso resultaba para sus caballos el avance. Dadas las características del terreno era impensable urgir a las cabalgaduras a que aumentasen el ritmo, por mucho que se tratase de animales fuertes y entrenados.

Kabdat avanzaba delante, Horb en la retaguardia. El muchacho miraba nervioso de reojo a su espalda de vez en cuando. Convencido de haber escuchado ruido tras ellos. El resollar de un caballo nunca sonaba igual que la respiración de un hombre. El chico lo sabía con certeza.

«¡Oh, dioses no consintáis que muramos aquí», imploraba una y otra vez el preocupado muchacho.

Si alguien los atacaba en aquel lugar, estaban acabados. No había posibilidad de huida, ni de enfrentamiento. Horb calculaba sus posibilidades: ni el descenso ni trepar colina arriba eran opciones acertadas. Todo dependería de si su perseguidor era amigo o enemigo, lo cual era un auténtico problema. Pensamientos tan negros como la propia tormenta a la que se dirigían, reemplazaban su ánimo siempre alegre. Cualquier estratega hubiera comprendido de inmediato que estaban acorralados sin remedio. Su mejor suerte sería la de resultar apresados para morir luego a manos del rey, la peor… morir allí mismo lejos de todo y de todos. Y el dragón… ¿qué sería del dragón? Valak merecía una oportunidad y el mundo conocido también.
(Continuará…)

6 comentarios:

  1. Que rabia haber perdido el hilo de la historia :( pero pronto me pondré al día!


    Y chapeau para ti Sechat, una C mayúsculas para ti de Cuentacuentos!
    Un abrazo!

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    1. El aplauso te lo tengo que dar yo a ti, porque siempre estás ahí, al otro lado a pesar de los pesares. Gracias de corazón. Un besote.

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  2. Por fin hallé tiempo!! Y mereció la pena, tu relato es como una puerta que aparede cuan cometa una vez solo en el tiempo y rasga la realidad e invita a pasar a otro mundo. Pero la brusquedad del cambio,siendo este brutal,apenas la sentimos porque enseguida nos metes en el paisaje con descripciones que buscan mas la cercanía al lector que la frialdad de un cuadro,y nos vemos acompañando a los huídos y sintiendo el peligro acechando detrás. Divide y vencerás dice el refrán, pero....llegarán a la Abadía?
    Lo dije siempre y lo mantengo, admiro a los escritores de relatos largos!! Es llevar p´alante multitud de situaciones que a su vez corren el riesgo de que durante la creación nuevas ideas surjan y en fin... no podría :)

    Un abrazooo!!

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  3. Me alegra saber que has tenido la paciencia suficiente de leer las partes anteriores ;). Me da un poco de miedo eso de prolongar los relatos. Creo que pierden intensidad y desinflan el interés del lector visitante. A mí me da mucho respeto eso de escribir novelas (algo que no podría hacer ni por asomo), y relatos largos precisamente porque tampoco me considero capaz ni a la altura. A las pruebas me remito: llevo al menos tres relatos inacabados por esa causa y siento con ello que he decepcionado a los seguidores de mi sitio. Si ni yo misma confío en que la historia tenga gancho, es normal que el lector abandone la lectura.

    Espero que lo digas de corazón y no por simpatía, así que te agradezco muchísimo tus reconfortantes palabras.

    Besotes.

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  4. No creo en absoluto que hayas decepcionado, ni tus relatos ni quien los escribe, y desde que tengo blog comento lo que siento, o lo que me dice el texto que leo. Pareceré simple pero sigo a quien leo porque me gusta como escribe, y luego me caerá bien, mal o regular o simpático :), o yo a ellos! pero cuando quiero animar escribo "ánimo" :p oki?

    En serio, no pienses eso ni por un instante. Creo que nos ha invadido un ciclo de sequía, o un impasse o dudas sobre el mismo blog o escribir, no sé como llamarlo, pero dentro, dentro sigue subsistiendo el deseo de escribir y volverá a resurgir porque además es que siempre vuelve!!

    Un abrazo!!

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  5. Mañana te comento pero siempre estás, tus palabras crean y dan vida a relatos por mas difíciles que sean los tiempos!
    Gracias de corazón, un abrazo!!

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