Otros locos maravillosos

27 de octubre de 2008

EL ESTANQUE PROHIBIDO

(Para mi amiga Vicky con retraso, pero con mucho cariño:¡Feliz cumpleaños!, Zorionak!)

“—Y si… ¿secuestramos al sol?
—Yo… me voy a mi casa” (Frase final propuesta por Jara para el Cuentacuentos).



Al amparo de la noche dos sombras se deslizan furtivamente por los Jardines del olvido. Cada cual por su lado hasta que se reunen. Cuando están suficientemente alejadas del palacio y cercanas ya al Estanque Prohibido una de ellas rompe el silencio y dice:
—Has llegado tarde- se trata de la melodiosa e inconfundible voz de Pandora. Es tal su belleza que su sola presencia turba a cualquier hombre.

La respuesta sale apenas en un tímido e imperceptible susurro de boca de la otra sombra que corre a su lado—Lo sé… Lo siento. Atenea casi me descubre. Por cierto, he cogido el cordel de Ariadna tal y como me pediste. Me ha costado, pero seguro que nos es útil—termina lleno de orgullo Telémaco.

Pandora asiente con la cabeza y se acerca poco a poco a la orilla del lago. Telémaco le sigue pasos atrás cerciorándose de que ni Zeus, ni nadie en todo el Olimpo les haya visto. No le gustaría que por una travesura de su voluble y caprichosa amiga le despojasen de sus privilegios en su camino a la condición de semidiós, arrojándole de nuevo a una vida sin alicientes entre los infelices mortales que habitan la ciudad que hay kilómetros más abajo de donde están ellos ahora.

Mientras esas ideas rondan la cabeza del joven, la tranquila superficie del lago rompe su silencio cuando Pandora se adentra en sus aguas. Desde la orilla Telémaco la mira hipnotizado. A sus pies están dobladas las ropas de su hermosa amiga.
—¡Vente!—le anima ella, coqueta.

Telémaco se lo piensa. Han llegado hasta allí por petición de ella, pero no le complace romper una orden expresa de Mentor ni mucho menos de Zeus: “nada de meterse en el estanque y menos de noche.” No deja de repetirse una y otra vez en la cabeza. Admira a Mentor, aunque a veces le cansa su excesivo afán de protección; pero lo que más le preocupa sin duda es la cólera de Zeus si llegara a enterarse.

Finalmente la curiosidad le vence y arroja sus ropas junto a las de Pandora. Casi al mismo tiempo que cae la última prenda en la orilla, en la mitad del lago un resplandor se eleva hacia el cielo en una columna infinita y de una luminosidad cegadora. Es la única luz que ilumina el paisaje, además de las estrellas y la luna en cuarto menguante.

A Telémaco le tiemblan las piernas, tanto de frío como de asombro. Les han hablado mucho del estanque y siempre les han insistido en la prohibición de bañarse en sus aguas, principalmente de noche. Nunca ha conocido el porqué de tal advertencia, pero sospecha que ese haz de luz tiene mucho que ver en ello.

Pandora, como siempre, engatusa al muchacho y logra convencerle para que ambos se adentren en el estanque y averiguar de cerca el porqué de tan misterioso resplandor. A decir verdad Telémaco sucumbe a la petición tanto por el encanto de su amiga como por la curiosidad (como digno hijo de héroe) que hierve en sus venas. Y es así como atan un cabo del cordel de Ariadna al árbol más cercano y anudan el otro a sus manos.

Nadan juntos al mismo ritmo en piernas y brazos. Impulsados por el único deseo de desvelar la causa que provoca esa inusual y extraña claridad ascendente.

El recorrido se hace más largo de lo que preven en un comienzo. Tanto que temen que el cordel se agote sin haber llegado a su meta. Miran de cuando en cuando a la orilla y la sorpresa y el agotamiento se apoderan de ellos. ¡Es como si no hubieran avanzado en absoluto!

Telémaco hace una señal a su amiga y dejan de bracear y malgastar fuerzas inútilmente.
—Atenea nos suele indicar: “la metis, es decir, la inteligencia y no la fuerza es lo que hace al buen leñador”. Ahora no somos leñadores, sino pescadores y para pescar lo mejor es un buen cebo. La luz es lo opuesta a la oscuridad. Por tanto, creo que deberíamos nadar siempre en línea recta, pero sobre todo con los ojos cerrados. Sólo así en la oscuridad de nuestros ojos, esa luz que pretendemos alcanzar, se dejará apresar en nuestra red.

Pandora comprende lo acertado de tales palabras y asiente ante la agudeza de su amigo. Para hacérselo saber aferra con fuerza la mano de Telémaco en un gesto de apoyo y reconocimiento. En pocas brazadas, cuando el frío se mete hasta sus huesos y parece corromperlos y se sienten desamparados ante su ceguera voluntaria llegan a su destino. Lo notan porque en la caverna de sus párpados el negro se ha convertido en un gris tenue y porque allí el agua emana cierto calor. Saben que no han de abrir los ojos, pero a Pandora le puede la emoción y en un instante por su curiosidad, se ven arrastrados de nuevo hasta la orilla.

Él protesta y le reprocha su actitud, pero es tenaz y propone taparse los ojos e intentarlo de nuevo. Tras su vendaje cada uno piensa en el origen de esa luz. No median palabra el uno con el otro. La concentración es máxima y el esfuerzo físico requiere su máxima entrega. Nadan acompasados, con la intuición como única guía de viaje.

Una vez en el centro del estanque, casi sin resuello, una paz interior se apodera de ambos y recuperan sus fuerzas. Al mismo tiempo un tintineo y un ligero contacto metálico en su muñeca libre advierte a Pandora de un objeto que antes no tenía.
—¡No la pierdas ni desprecies por ser una simple llave! Antes de lo que imaginas será crucial en tu vida y en la de los hombres… Esta llave atesora grandes bienes, pero también grandes males. De su buen uso depende que haya lugar o no para la esperanza. Ahora marchad… disfrutad de la noche—les indica una voz femenina.

No hay más palabras. No hay pie a preguntas ni a explicaciones. Llegan a la orilla y se tienden agotados. Es como si el cansancio y el sueño se hubieran apropiado nuevamente de sus cuerpos y de sus mentes. Cuando despiertan no saben si ha sido producto de su fantasía. La llave que cuelga del antebrazo de la chica es lo único que corrobora la verdad de lo sucedido, a pesar de la sequedad de sus cuerpos, cabellos y ropa. Todo ha sido tan real como que están vivos. Tan real como la cólera de Zeus si no se dan prisa y llegan tarde a las clases de Atenea. Tan real como el sol y la luna. Tan real como la belleza de Pandora y su seductora sonrisa.

Por eso Telémaco no se sorprende cuando le escucha decir:
—Y si… ¿secuestramos al sol?
—Yo… me voy a mi casa—replica a su amiga entre prudente y divertido.



8 comentarios:

  1. Me encantó la adaptación de lo mitológico a la frase(s) de la semana.Una muy original versión del mito de la famosa caja,en este caso la llave,y su poder que el ingénuo Telemaco no logra percibir en la sensual sonrisa de Pandora.
    Pero que manía tenían antes en las diferentes culturas,ya con Pandora,ya con la Eva bíblica,en situar a la mujer causa de males.Precisamente siendo quien da la vida.
    Muskis como diría Homer :)
    Un abrazo!

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  2. ¡Qué relato más chulo! Me gustó mucho. En realidad no suele suceder pero, hay veces, en que vale la pena desatarse de ciertas normas ¡Chulísimo de verdad!

    Un saludito.

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  3. Hola claro que no me molestó que me dijeses que esperabas más profundidad en mi relato, que hubieras querido que diera más pistas sobre ella y su situación en ese momento, agradezco todas las aportaciones que me hagais e intentaré hacerlo mejor.
    Gracias.

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  4. Y yo quiero una amiga que me dedique un texto tan lindo como éste por mi cumple, ascenso, corte de pelo... lo q sea pero q me dediquen algo así. Ole, cielo, me ha gustado mucho.

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  5. Me alegra pasar por aqui aunque sea tarde para encontrarme con esto Sechat.Me ha gustado, entiendo que ese final era difícil y para este relato mucho más pero todo lo que has representado en él me ha llamado la atención.

    1 besote

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  6. Tengo debilidad por las historias que encierran mitología... asi que, me ha encantado!

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  7. Me encanta la nueva imagen de este espacio. Ahora que espero tener un poco más de tiempo pasaré por aquí tambien. Buen finde, Sechat.

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  8. Gracias a todos/as por dejar vuestra opinión y enriquecerme con vuestros valiosos puntos de vista sobre lo que escribo.

    Ninive: tienes toda la razón del mundo en culturas antiguas la mujer siempre ha sido tachada de portadora de todos los vicios y defectos,germen del mal de la sociedad. Incomprensible, pero es así...Por eso, sólo nos queda la denuncia por ese tipo de injusticia.

    Esther: gracias por tus fieles visitas y por tus palabras. También por tus relatos.

    Maria José: gracias por pasarte por aquí y por tus opiniones. Siempre son bienvenidas. Aprender lo hacemos todos/as cada semana a partir de las historias que leemos de los demás y sobre todo y principalmente a través de las aportaciones de los visitantes a nuestro blog. Yo sí que tengo que aprender mucho y no tú... A mi juicio dominas uno de los estilos más complejos: el microrrelato y por eso quizá creo que pecaste de acortar la historia, precipitando el final, sin ahondar suficientemente en el personaje.Gacias por no ofenderte.

    Nytyayang: me encanta tu blog es formidable. Bienvenida a este rincón.

    Jara: se te echaba de menos por aquí, pero sobre todo por el cuentacuentos. Tu frase era y es estupenda.

    Sara nos tienes malacostumbrados, tu silencio, aunque supongo que por un merecido descanso nos deja un poco huérfanos de tus maravillosas historias.

    Ananda Nilayan: gracias por tu opinión y por cada una de tus visitas.

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