EL BESO DE LA AMAPOLA

Lo sé, puede que las líneas que van a continuación carezcan de sentido, que no de propósito. Pues lo que menos quiero es volver a languidecer en otro ataúd similar al que me ha tenido presa desde el 2012. Así que tengan o no sentido, prefiero dejar que las palabras salgan y vivan. A ver qué os parecen estas breves líneas. Iba a publicarlas el lunes, pero ya tengo otro texto para ese día.

Bueno, ya me contaréis qué os parece esto. En este poema pretendo hablar del verano, aunque no sé si lo he logrado.




EL BESO DE LA AMAPOLA

Casi sin pulso 
siento derramar la sal 
en mis heridas,
y mientras mis ojos no callan,
con la luz prendida en mis pupilas,
la fría amapola 
cae marchita en el sendero,
junto al mojón de la parcela,
y sella con sus labios sangrientos
las palabras que me dieron muerte
y te expulsaron de mi vida.
Ya no habrá más sol vibrante, 
ni luciérnagas en la noche.
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Hace años, cuando escribía casi con la misma rapidez con que llegaba el aire a mis pulmones, te invitaba a que paseases también por las letras de mi otro blog: www.cuentosrecienhorneados.blogspot.com


Hoy por hoy, te invito a que me conozcas a través de los proyectos de scrap, bisutería o mix media que hago y presento en el otro rincón 2.0 al que ha sido desterrada mi necesidad creativa: www.fabricadeartesania.com

CUANDO TUS ABRILES PESEN MÁS QUE MIS INVIERNOS

¡Hola de nuevo!:

Ayer por fin se rompía para mí esa maldición del silencio que ha durado tantísimos años. Y de verdad quiero pensar que puedo dar por terminada esa mudez. Por ahora, aprovecho a sacar todo aquello que puedo. Y éste es el resultado de hoy. Espero que os guste. Por cierto, para el lunes ya tengo algo preparado también, por si os apetece echar un vistazo.


CUANDO TUS ABRILES PESEN MÁS QUE MIS INVIERNOS



Cuando tus abriles pesen 
más que mis inviernos, 
llegará nuestro fin del mundo.

Cuando tus abriles pesen
más que mis inviernos,
llegará la era del reproche.

No habrá cabida para contar tus pecas,
ni para poner mi corazón patas arriba
con el sabor de tus besos.

Cuando tus abriles pesen
                         más que mis inviernos...
Ya veremos.

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Hace años, cuando escribía casi con la misma rapidez con que llegaba el aire a mis pulmones, te invitaba a que paseases también por las letras de mi otro blog: www.cuentosrecienhorneados.blogspot.com.

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HOY HE VUELTO A ESCRIBIR

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El túnel del Amor en Ucrania (Foto de Oleg Gordienko)

Hoy he vuelto a escribir. No sé el motivo, aunque intuyo que se debe a la maravillosa novela que estoy leyendo: "La casa de los amores imposibles" de Cristina López Barrio. 

Es más, son cerca de las 17:00 de la tarde, y aún no he comido. Inmersa como estoy en mi propio regocijo. No sé si también os sucede, pero cuando una novela me engancha me desconecto del resto del mundo, y dejan de existir las necesidades fisiológicas más básicas. Pues bien, hoy, ese enganche no se debe a la novela en sí, sino a lo que ella ha desatado en mi interior, tras esta larga, tediosa e insufrible hibernación (desde finales del 2012 ya) y que ahogaba en mis dedos las palabras que mi alma quería derramar a toda costa.

El caso es que hoy he podido escribir de nuevo. Y lo he hecho, con mi pecho envuelto en llamas por la felicidad del acto casi febril de volver a crear personajes e hilar párrafos. Y mientras escribía, he descubierto perpleja que el "perfeccionismo" que me impulsaba a leer y rectificar en un bucle interminable cada frase, sigue agazapado en mis entrañas. Si la verdadera felicidad existe, hoy he tenido la suerte de conocerla cara a cara.

Son apenas unas pinceladas, y puede que no lleven jamás a finalizar un relato completo, pero ha sido catártico. Una maravillosa manera de reencontrarme con una parte de mi yo que creía perdida para siempre. 

Por lo general no soy supersticiosa, pero me vais a permitir que por esta vez lo sea, y no comparta con vosotros esa herida frugal que he inflingido a esa agonía que me ha acechado durante tantos años. Y no comparto con vosotros esas letras, no por ser huraña, sino por miedo a que este hechizo eclipsante se quede en agua de borrajas. Eso sí, os dejo, con un microrrelato surgido también hoy, casi recién llegada a casa tras mi jornada laboral. Os pido perdón de antemano, porque la falta de práctica en esto de la escritura creativa, me ha hecho olvidar las nociones más básicas sobre puntuación. Y a decir verdad, éste no es para nada, el mejor de mis escritos. Pero es parte de un nuevo comienzo. Y espero venir para reposar entre letras eternamente.

UCRONÍA SIN TÍTULO:
—¿Qué tal ha ido el viaje?
—Pues aún no hemos salido del aeropuerto. Por eso no te había llamado antes. Nuestro vuelo va con
retraso…
Se escuchan ruidos a través de la megafonía.
—Lo siento, tengo que dejarte, creo que por fin vamos a despegar. Cuando llegue te llamo.
“Señores pasajeros, abróchense los cinturones, por favor. Nuestro pterodáctilo con destino a Ucrania
está a punto de despegar.”
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NOTA: Se entiende por ucrónico todo aquello que plantea una realidad histórica alternativa. Como base siempre subyace la misma pregunta: "¿qué hubiera sucedido si...?"


Hace años, cuando escribía casi con la misma rapidez con que llegaba el aire a mis pulmones, te invitaba  a que paseases también por las letras de mi otro blog: www.cuentosrecienhorneados.blogspot.com. Hoy por hoy, te invito a que me conozcas a través de los proyectos de scrap, bisutería o mix media que hago y presento en el otro rincón 2.0 donde ha sido desterrada mi necesidad creativa: www.fabricadeartesania.com

¡Malditos sean!

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Están los que se sienten tan orgullosos de sí mismos que presumen de violación mediante selfies y vídeos, para compartir  luego su acción, en redes sociales, y están los que les ríen la supuesta gracia. Podría ser la sinopsis de una repugnante novela negra o la trama de un guión de cine, pero lo lamentable es que es tan verídico como descubrir que nuestra sociedad no está capacitada, para poner en su sitio a esas cinco bestias traídas como mínimo del Pleistoceno. En casos como éste, echo de menos la cadena perpetua. Y no, no hablo en broma, ni influenciada por alucinógeno alguno (por no tomar, no me he tomado ni un café hoy). Escribo estas palabras, que me salen repletas de rabia, repulsa y dolor en plena posesión de mis facultades.

A ratos me planteo si siento más repugnancia por lo que esos mal nacidos hicieron a esa pobre chica, que bien podría haber sido yo misma, mi hermana, una de mis amigas, mi vecina, o la chica con que me cruzo todas las mañanas cuando voy a trabajar, o si lo que me produce esa nausea incontenible es la reacción de condescendencia, o incluso de aprobación que algunas personas dejan entrever hacia ese comportamiento que nada tiene de humano.

Me siento egoísta por desearle el mal a alguien, pero, por otra parte, no puedo evitar el deseo de que les sodomicen una y mil veces. Como tampoco puedo evitar el deseo de un viaje atrás en el tiempo, para que se les degüelle y algún caballo les arrastre por rocas, desierto o hielo (tanto me da, siempre y cuando les duela). Lástima que este deseo sea irrealizable.  

Y no sigo, porque sé que esto no va a servir de nada en absoluto. Esa chica, estigmatizada ya de por vida (lo de vida es un decir, claro, porque se la han arrebatado de cuajo), nunca volverá a ser la misma. Ella es quien habrá de ocultarse como una apestada o una delincuente de la peor estofa, mientras los cinco "hombretones", los cinco "machos ibéricos" seguirán pidiendo que no se difundan sus fotos. Y ¿lo peor de todo...? Algún juez les reirá el chiste.

¡Maldita la gracia! ¡Malditos sus nombres: Jose Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo, Jesús Escudero, Ángel Boza y Antonio Manuel Guerrero! ¡Maldita sea toda su estirpe! ¡Qué pena de Dios vengativo como el de las Siete Plagas de Egipto! Y que me perdone Dios, por mis palabras y por este post, porque ni me arrepiento de lo que digo en él, ni seré capaz como mujer, de perdonar a esos canallas. ¡Malditos sean!

No quiero migajas

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No quiero migajas. Ése es mi lema, al menos para hoy... Sospecho que, por fuerza, en otra vida fui un asesino en serie o un dictador, y estoy pagando mis perfidias en ésta, porque desde luego empiezo a estar harta de dar y no recibir, y que se me siga pidiendo más. Quiero gritar a los cuatro vientos que no soy de goma, sino de carne y hueso y que estoy hasta las narices, por no emplear otros términos más contundentes y soeces. Si yo tengo que escuchar las auténticas gilipolleces que sueltan otros a cada minuto, lo mínimo es que también esas personas me escuchen, aunque sea por dos minutos al día, cuando las estoy hablando, de algo medianamente serio, digo yo. Y puedo estar o no de acuerdo con los principios de otras, pero suelo respetar, o al menos escuchar, así que ¿por qué, entonces, a mí se me pisa por sistema? A veces esta España en la que vivimos me recuerda en exceso a la España de vagos y maleantes que algunos describen en su columna semanal. Por experiencia me queda más que demostrado que se suele premiar al vago y al caradura, y en cambio, a quien se esfuerza o se limita a cumplir con su  cometido se le aprieta hasta sangrarle la última gota. Para colmo de males, cuando "el justo" trata de hacerse valer se le acusa de envidioso o más grave aún de mentiroso. Y no lo digo por hablar. Lo he vivido en mis propias carnes.

La verdad es que no comprendo porqué estallo así hoy, pues he tenido días peores que éste y habrá muchos más, de ahora en adelante, que lo superen (se me ocurren mil y un motivos), pero es como me siento en este preciso instante, y necesito ahogar esta rabia de algún modo. Creo que el detonante ha sido encontrar una vieja billetera con fotos de personas que tuve por grandes amigas, y cuya amistad ha pasado a la historia de un plumazo. Y dado que no soy de ahogar mis penas ni en drogas ni en alcohol, este medio me parece tan válido como otro. 

Lo cierto es que analizo las horas de este martes siete de noviembre, y no veo ninguna señal que me haya llevado a este abatimiento inabarcable que, amenaza con estrangular mi cuello y mi corazón hasta morir, pero de verdad que querría borrarme del mapa. Tal cual. Como suena. Y no hablo de suicidio. Hablo de la sutileza de una invisibilidad y una mudez reales que me hicieran desaparecer del mundo trasladándome a otra dimensión o a otro planeta, o yo qué sé. Pero eso sí, me encantaría poder mantener en ese limbo particular mi sentido del oído. A ser posible más agudizado que hasta ahora, porque está claro que las puñaladas traperas pueden venir de cualquiera y te asestan el golpe de gracia, justo cuando menos te lo esperas. Me viene a la mente, un comentario sobre mi persona que ha llegado a mis oídos por buena fuente, y que salió de boca de alguien a quien había aprendido a apreciar de nuevo. En fin, supongo que con ciertas personas no escarmiento nunca. Y ojo no soy ninguna santa, máxime cuando cada día descubro un nuevo defecto propio, y me doy cuenta de que, los años me han convertido justo en aquello que mi yo de juventud, más odiaba. Eso sí, me queda la esperanza de saber que  a veces, atisbo un poco de ese yo primigenio, que permanece leal a los grandes valores, perdidos, al parecer, por la inmensa mayoría de los mortales. 

Si analizo el día de hoy, y mi vida en general, ni siquiera tengo derecho a estos lamentos, porque gracias a Dios los míos y yo contamos con buena salud, que al final es lo más relevante (en estos últimos tiempos he aprendido a valorar esto como nunca). 

A veces ni yo me reconozco. Puede que parte de esta rabia desapareciese con un abrazo sincero y espontáneo, no de esos forzados que se dan de vez en cuando por puro compromiso, ni esos que se dan de broma entre amigos. Sino uno auténtico, de esos de verdad, que no recibo desde hace demasiados años. Por eso yo tampoco doy abrazos con frecuencia, porque cuando los doy me gusta sentirlos crecer de dentro hacia afuera y que me calienten el alma, y se lleven parte de mí para arropar a la otra persona, y los doy cuando quiero, cuando me nacen; en cambio, percibo que los que se me dan no son más que simples migajas. Por eso los rechazo. A nadie le gustan los puñales disfrazados de abrazos, disfraz que ni se creen los brazos que los crean. Tampoco me gustan los que vienen de la persona inadecuada.

Y, lo siento, llegados a este punto, voy a soltar tooooooooooooda la mierda que llevo aguantando durante años, porque si no voy a reventar:

  1. Estoy harta de que me utilicen. No soy la marioneta de nadie. Tengo mis propias opiniones acertadas o no, pero las defiendo como cada cual hace con las suyas. Y si al final cedo, lo hago por convicción, no por debilidad. 
  2. Estoy harta de que los tíos sólo me quieran para echar un polvo. ¿Cuándo va a llegar un tío que de verdad quiera descubrir más allá de lo que ve, o mejor dicho, más allá de lo que su piiiiiiiiiiiiiiii le pide? No soy ni la tía más guapa del mundo, ni la más sexy. De hecho, si hubiese un ránking, probablemente estaría en lo más alto en cuanto a tía corrientucha. Y a decir de algunos "aburrida, simple y llanamente porque no me abro de piernas, ni dejo que mis bragas caigan al suelo con el primero que pase. Así que bueno, quizá en eso he sido más fiel a mí misma que en otros terrenos. Y tampoco es que sea una romántica recalcitrante, pero de verdad que quisiera que alguien se acercase a mí y fuera tan sincero conmigo como yo suelo serlo. No creo que sea mucho pedir, encontrar a alguien que no quiera cambiarme. Me gusta patinar; leer (aunque leo casi de todo, sé qué no leería jamás)... Puede que no sea una gran melómana pero tengo mis preferencias musicales que no han de ser necesariamente las de otros y no me va la vida en tratar de metérselas por los ojos ni los oídos a nadie.
  3. Estoy harta de la gente que se inmiscuye en la vida de los demás.
  4. Estoy harta de la gente que se granjea la amistad de otros a base de elogios, para luego ponerles a parir en cuanto se dan la vuelta. 
  5. Estoy hasta el mismísimo de que haya gente que se lleve los méritos del esfuerzo ajeno. En este caso me refiero a mi propio esfuerzo. Lo siento, hoy tengo el modo "egocéntrico" on.
  6. Estoy harta de que haya alguno que en su propio egoísmo dedique el 90% de su jornada laboral a no hacer nada salvo: fumar, tomar varios cafés a cual de ellos más largo, merendar y sobre todo a disfrutar de sus aficiones en su propio lugar de trabajo (léase fútbol, videojuegos, etc...), mientras la tonta de turno, léase yo, trata de sacar el trabajo adelante a pesar de lo injusto de la situación. No obstante, el sumun de ese hartazgo radica en que el susodicho tenga la desfachatez de marcharse siempre antes de hora. Imagino que agotado de puro cansancio por sus quehaceres laborales.
  7. Estoy harta de que ese esfuerzo extra de sacar adelante mi trabajo más el de otros esté amargando mi carácter. Y desde fuera se me tache de "malfollada" o cosas peores, cuando quien me califica de esa manera no sabe de la misa la media.
Y bueno dejo ya esta perorata que nada soluciona. Cada uno seguirá mirando su propio ombligo como yo, por desgracia, he aprendido a mirar el mío, a base de esas decepciones. Injusto sí, pero verdadero.