Otros locos maravillosos

25 de enero de 2009

Nahum (2ª Parte). El encuentro con Xäcseth.

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Ninguno supo cuánto tiempo permanecieron así, pero indudablemente mucho, porque cuando despertaron las pulseras estaban con la batería casi agotada.

Todos hablaban atropelladamente, queriendo ser escuchados y contar su sueño al resto. Comprendieron que habían soñado exactamente lo mismo. La clave radicaba en el porqué de todo aquello. Sabían que estaban en el punto adecuado, pero ahora se presentaban otros problemas más acuciantes que debían solventar cuanto antes.

Tenían una sola batería de repuesto con ellos y optaron por colocarla en la pulsera de Irya que era la más completa. No obstante la preocupación principal del grupo era la de obtener agua y alimento. Para ello deberían desandar el camino y regresar a la nave. Una vez allí, ya pensarían en qué argumentar a la Dra. Krahns por todo el tiempo de ausencia. A buen seguro habría tratado ya de ponerse en contacto con ellos.

Hubo suerte. El regreso lo hicieron más rápido, puesto que algunos puntos del recorrido les resultaban familiares y eso facilitó las cosas, también porque el sueño había resultado muy reconfortante. Llegaron eso sí, agotados y casi sin fuerzas. Por fortuna en el fondo de su mochila, Irya encontró de casualidad la rosa azul que evitó que murieran de sed antes de llegar a su destino. Al hambre no pudieron hacerle frente hasta llegados a la base. De ahí que devoraran con tal ansia, parte de las reservas de víveres que estaban en la despensa. En cuanto al enfado de la Dra. Krahns, era ya inevitable, a juicio de todos. A no ser que pudieran llevarle un descubrimiento realmente importante después de todo aquello. Por eso asumieron el reto y manipularon de nuevo la computadora, para retrasar otra vez el temporizador. Y acordaron por unanimidad que para evitar malgasto inútil de baterías se agruparían en parejas: Xeela con Rahim, Maddox con Çelrin e Irya, el primer día, con Simón; el segundo día Rahim se cambiaría por ella y llegado el caso, el tercer día sería Çelrin (la turnicidad se debía a que el reparto no era del todo equitativo). Sólo una de las pulseras de cada pareja permanecería encendida y sólo lo estrictamente necesario. Así se mantendrían siempre en alerta y comunicados con Santa. Durante las guardias nocturnas las parejas serían las mismas, pero cada cual llevaría la flauta mágica (pequeños instrumentos que no podían ser escuchados por nadie, salvo por aquel que la tocase, manteniéndole despierto bajo cualquier circunstancia).

Otra decisión que tomaron fue la de que el miembro más mayor de la pareja racionase la comida. Habían calculado que bien administrada tendrían para tres días, contando con la vuelta hasta la nave. Siempre y cuando el pitido, causante de todo aquel misterio, no hubiera variado su punto de origen.

El primer día no hubo suerte, ni tampoco el segundo. El planeta parecía más desierto que nunca y no había rastro por ninguna parte del ensordecedor zumbido ni de la peculiar lluvia que les sorprendió a su llegada. El plazo expiraba y se notaba en los ánimos de todo el grupo. Incluso Simón parecía contagiado del desánimo general.

Hubieron de esperar hasta bien entrada la noche, para que el tan ansiado suceso se repitiera de nuevo. Era el segundo turno de vigilancia de la noche y las dos chicas estaban juntas. Bostezaban casi de continuo, tanto por aburrimiento como por la vigilia, y de no ser por la rápida reacción de Xeela, casi seguro su escrupulosa organización no habría servido de nada. El zumbido fue el precursor del dolor de oídos y sacando fuerzas de flaqueza la más pequeña de todos logró tocar su instrumento. A pesar del penetrante e insufrible dolor que suponía para los oídos aquel insistente ruido invasor. Irya tardó más en reaccionar, pero hizo lo que su amiga y consiguió permanecer alerta. Ni siquiera intentaron llegar hasta el grupo, porque se habían alejado demasiado de ellos, aun teniéndoles a la vista.

Deberíamos meternos tras esa colina y esperar a ver qué sucede señaló Irya, nerviosa.

—Vale-respondió Xeela— Expectante por lo que podría acontecer.

La espera se hizo interminable. Era muy difícil renunciar a taparse los oídos y continuar impasibles tocando, sólo por el estúpido deseo de ver lo que sucedería a continuación (sin ni siquiera saber si habría o no peligro en ello), y dejar de sufrir aunque tan sólo fuese por un instante aquel tormento en su cabeza y oídos. Pero sorprendentemente Xeela era la más fuerte y la que animaba a Irya a no dejarse llevar (estaba convencida de que todo aquello no dejaba de entrañar algo hermoso).

El ruido por fin cesó y la claridad dejó paso a la noche. Grandes burbujas cristalinas flotaban sobre el aire y en ellas los diminutos seres que les asombraron parecían decirles algo. Por un momento fue Xeela quien perdió la compostura y tuvo que ser Irya quien llevo la mano de su amiga a la flauta, acercándosela a la boca. Sobraban las palabras.

De repente de una de las bolas salió un haz de luz más intenso que del resto y se posó sobre la cima de la pequeña colina que habían utilizado como escondite. Algo impidió que las niñas salieran corriendo.

—No tengáis miedo, niñas. Somos Fairies o hadas. ¿No habéis oído hablar de nosotras?—el extraño ser hablaba con ellas, sin mover los labios y su voz era realmente dulce y cariñosa.

Las dos intercambiaron gestos entre sí, pero no se atrevieron a pronunciar palabra. Irya, disimuladamente, consultó su diccionario de muñeca.

—No, nunca—se atreve a responder.

—Vivimos aquí desterradas desde hace siglos. Así que en realidad no debería sorprenderme, supongo. Es sólo que...

— ¿Desterradas?, ¿Hicisteis algo malo?

—No, al contrario, Xeela. Nosotras somos buenas. ¿Sabéis qué es la imaginación?

Irya, entre perpleja y asustada viendo que aquella extraña ¿hada? conoce sus nombres, al menos de su amiga, no sabe cómo reaccionar y se siente bloqueada. Una vez más es Xeela la que demuestra más valor y entereza y responde.

—Sí, es lo que uno inventa cuando aún no es más que una idea en la cabeza.

—Te equivocas, el diccionario indica que imaginación es...— Irya no puede evitar consultar su unidad de idiomas interplanetarios.

—No tenemos mucho tiempo—le indicó el pequeño ser alado. Él puede regresar en cualquier momento...

— ¿Él?, ¿quién?

(CONTINUARÁ…)

4 comentarios:

  1. Queridos cuentistas: Ninive y Tormenta, principalmente, os la debía desde hace mucho, mucho tiempo. Prometo tardar menos con la siguiente parte que lo que he tardado con ésta. Admito de todos modos, que me convencía mucho más la primera parte de este relato. En fin, un abrazo. Os leo.

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  2. Si, anda Sechat, continualo, que si me dejas con esta intriga... y yo pensando en otro planeta y aparecen hadas!!!!! MAAAASSSSSS!!!!

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  3. Ananda: Sí está en otro planeta (lee si puedes la primera parte), pero el toque de magia y fantasí lo ponen las hadas, seres fantásticos por naturaleza y sin las cuales, en este caso no habría historia.

    Este relato no sé porqué... lo tengo perfilado de principio a fin en mi cabeza desde el día en que me puse a escribirlo. Sin embargo, a la hora de plasmarlo en el papel me fallan las palabras, las frases y sobre todo las ideas. Espero que se me acabe el bloqueo pronto. Un abrazo y gracias.

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  4. Curioso Sechat, que me quedé pensando en este relato desde que lo leí. Ayer llegando al trabajo me acordé de la primera parte, que leí cuando conocí tu blog. Curioso porque me invadió un sentido de "conocerlo" más profundamente, algo raro. Volveré a leerlo (ambas partes) porque la sensación subconsciente persiste. Abrazos de oso!!!

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