Otros locos maravillosos

12 de julio de 2009

EL LADRÓN QUE QUERÍA APRENDER A LEER (1ª Parte)


Prometo que continuaré esta historia tan pronto como pueda. Espero que la disfrutéis y os gusten los personajes.

Frase de angelical: "Sólo tenía una certeza: la culpa la había tenido aquel libro. "
Sólo tenía una certeza: la culpa la había tenido aquel libro. Lo que al principio le pareció una piedra semienterrada o la raíz de algún árbol cercano, pronto se reveló como un libro. Algo totalmente impensable e inusual en un lugar tan alejado. ¿Quién habría sido el incauto que se había adentrado en un paraje tan inhóspito, llevando consigo el volumen? Seguro que su dueño no era un pobre campesino, se trataría sin duda de un rico mercader o tal vez de un monje: el cuero era de excelente calidad y el tinte con que había sido tratado para darle aquel color también. Además las hojas estaban plagadas de hermosas y bellísimas ilustraciones.
William no sabía leer, pero en cuanto tuvo entre sus manos aquellos trozos de papel con los extraños símbolos llamados letras, deseo más que nunca dejar de ser el humilde labriego que trabajaba de sol a sol para su señor y poder desvelar el secreto de las palabras escritas.
El conde no era un amo malo, pero William había sido demasiado osado adentrándose en las cocinas para robar los mendrugos de pan que aún llevaba en sus bolsillos. El tío de sir Edgard, un cura puritano que esos días se alojaba en el castillo de su sobrino, lo había visto todo y había dado la voz de alarma. El conde en otras circunstancias se hubiera limitado a unos azotes en público para escarnio del ladrón, en este caso de William, y el asunto no hubiera trascendido más; pero esta vez su ingenio como pillastre había topado con el poder de la Iglesia y su extensa mano: los inocentes panecillos, que el joven había hurtado, habían sido traídos desde Milán por deseo expreso del fraile, que a juzgar por sus refinados gustos y la anchura de sus formas, no observaba con excesivo rigor su voto de pobreza. Sir Edgard temía contrariar a su tío, del cual se rumoreaba que pronto llegaría a ser abad del Monasterio de Montecassino y actuó como el noble que ve que alguien atenta contra su poder: pronto perros y hombres, algunos de ellos a caballo, salieron tras el desdichado ratero en una persecución infame y desigual. Cuando el muchacho ya se creía atrapado, el viento que había habido toda la jornada trajo las primeras gotas y los truenos y relámpagos asustaron a canes y monturas. Entonces sir Edgard dio la persecución por concluida. Así es como William había llegado a aquella oscura y húmeda zona del bosque.
El viento agitaba con fuerza las ramas de los árboles y arrastraba gotas de lluvia con auténtica furia. En unos instantes, el suelo se convirtió en un barrizal, lo cual dificultaba sus pasos, además las modestas vestiduras del joven se pegaban a su cuerpo haciendo que se encogiese de frío y se debatiera entre regresar a recibir su castigo o adentrarse más entre los árboles. Su orgullo, una vez más, le convenció de internarse más en aquel extraño lugar. Nunca había hecho caso de las historias que las viejas comadronas contaban sobre aquel bosque, pues siempre las consideró cuentos para niños, pero cuanto más avanzaba dando bandazos por la fuerza del viento, más cobraban sentido aquellas historias. El libro consiguió que el miedo pasase de largo y no se alojara permanentemente en su ánimo. Tenía su pierna derecha dolorida por la reciente caída y sus manos estaban magulladas, viendo que no podía caminar se arrastró hacia unas rocas que había a pocos pasos de él, allí aguardó toda la noche. Hizo fuego con algunas ramas secas y con la yesca que siempre llevaba consigo, para evitar ser atacado por los lobos que poblaban aquel territorio y sobre todo para evitar la congelación. Se desnudó, colocando sus ropas cerca de la pequeña hoguera, y con las ramas más grandes, finas y secas que pudo coger fabricó un pequeño lecho.
(Continuará...)

Lo que ves aquí escrito es original e inédito. Si te gusta, disfrútalo desde el blog, pero no lo copies, por favor. Pertenece a mi propiedad intelectual, si lo hicieras estarías dañando mis derechos de autor. Gracias.

9 comentarios:

  1. Tiene un aire de cuento medieval que te ha quedado bordado!
    Quiero saber cómo acaba!! :)

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  2. Estás elaborando un apetitoso pastel. Los ingredientes, aplicados con el sabor de la Toscana, escenarios y personajes que en las porciones justas le han ido dando forma, no han hecho sino aumentar el deseo por conocer como quedará finalmente.
    Ese misterioso libro que sobresale al principio para esconderse a continuación ¿Qué secretos ocultarán sus palabras?
    La noche acecha, y aquí nos tienes, como lobos que aguardan el momento de degustar el siguiente capítulo!

    Un abrazo!

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  3. ¡Como mola! Me encanta el tipo de ambientación que has escogido, pero me he quedado con ganas de saber como sigue.

    No sé si lo terminarás en la próxima, pero yo creo que podrías sacarle mucho jugo a la historia.

    ¡Un saludo, Sechat!

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  4. Anónimo15/7/09 7:25

    Soy la pera, 1º leo la historia y me quedo en plan "esto no puede terminar así, tiene que continuar, no puede ser que haya dejado la historia tan abierta...", y luego es cuando leo que piensas continuarla y respiro de alivio.
    Lo dicho, la pera.
    Besos desde Fuenla

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  5. Me está gustando :-) tengo ganas de saber como continúa

    Saludos

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  6. Me encanta el toque maestro que le has dado a la historia! Espero que el 'continuará' no tarde mucho en llegar!!
    Enhorabuena XD
    Un saludo:-)

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  7. MMM...con un comienzo así, lo de segunda parte es prometedor!

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  8. Está bueno. Espero por la continuación :)

    Saludos

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  9. ¡Jo, qué vergüenza! Muchas gracias... ahora me veo en un auténtico compromiso, por si la segunda parte no convence tanto como esta primera. En fin, me pongo a ello, espero no decepcionar. Un abrazo y muuuuuuuuuuuuuuchas gracias por pasaros por aquí.

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