Enciendo la televisión y la primera escena es un encuentro altamente sexual entre los dos protagonistas de una conocida serie. Me pregunto si realmente están fingiendo en la pantalla, porque la verdad es que sus gestos son demasiado logrados por muy profesionales que sean ambos actores. Cambio de canal y esta vez se me presenta en toda su fogosidad el ritual de apareamiento de una pareja de ornitorrincos. Opto por apagar la televisión y encender la radio. Parece un programa de esos de debates. Nunca me han interesado demasiado, pero seguro que aquí nadie habla de sexo. Me desconcierta escuchar de boca de uno de los ponentes que el cerdo es el animal que goza de los orgasmos de mayor duración. Envidio a la cerda y maldigo mi mala suerte. Abro un libro y comienzo a leerlo, pero no consigo concentrarme y leo y releo varias veces las mismas líneas. Ese olor que llega hasta mi nariz y que tan familiar me resulta, está logrando romper esa paz que parecía haber logrado al decidirme por la le...