Otros locos maravillosos

28 de julio de 2008

LA SOMBRA DEL DESTINO

Foto de www.arteyfotografia.com.ar


“Íbamos caminando la muerte, tú y yo” (Frase de Níobe)

Íbamos caminando la muerte, tú y yo. Como tres buenos amigos que se conocen de toda la vida y comparten anécdotas, ¿irónico verdad?, ¿vida?...

Normalmente cuando alguien inicia un trayecto conoce su destino, aunque siempre haya pequeñas variables que incidan en su esencia, a las que llamamos imprevistos. Nosotros dos, sin embargo, partimos con las manos entrelazadas en un nudo de esperanza y las cabezas gachas, como alforjas repletas, (pensativos) buscando las palabras apropiadas para ese último trayecto y no nos soltamos… ¿Cómo manifestar en un gesto, en unas frases el amor, la complicidad y tantos buenos ratos sin quedarnos cortos? Sabíamos de dónde salíamos, pero no hacia dónde iban nuestros pasos. La muerte, unos metros por delante y otros por detrás a veces, sonreía complacida. Sabía que cumpliría su trabajo y que acudiríamos puntuales a la cita. No importaba el dónde.

En algún momento me quise acercar a ella y preguntarle por sus aficiones y si se sentía a gusto o no en su trabajo diario; pero no como lo haría alguien movido por el interés de un soborno que le beneficiase con un tiempo más en la tierra, sino con el sano interés de una amiga que se preocupa por otra. Su rostro desfigurado y su figura macilenta, me imploraban ternura, piedad, cariño y paciencia. Me parecía triste y su vestimenta no lo desmentía. Incluso me planteé ofrecerle uno de los pasteles de mi cumpleaños que habíamos comprado a primera hora de aquella mañana para celebrarlo hacía un par de horas. Tu mano atada a la mía con la fuerza de un último esfuerzo por izar el cuerpo que pende de un precipicio, me hizo ver que no era lo más apropiado. Admito no obstante, que ni tu gesto de preocupación, ni de resignación por cumplir un destino que no deseabas, fue lo que yo vi en tu rostro. Si lo hice, los interpreté como tedio y cansancio ante la partida o incertidumbre ante lo que nos deparaba el mañana. Mi narcisismo desmesurado extrapolaba todo lo que yo sentía a ti, sin ni siquiera plantearme que hubiera cabida para otra interpretación distinta de la mía en aquellas circunstancias.

Pensándolo fríamente… me sentía extrañamente feliz y muy agradecida, porque el camino no lo hacía sola. El miedo lo dejé en el mismo momento en que supe que ese viaje lo haríamos juntos y en mi empecinado y ciego egoísmo, me sentía dichosa. No pensé ni por un momento en que tal vez tú, no quisieras tomar parte de aquel instante. Ni que ese último adiós no quisieras vivirlo conmigo. Tampoco imaginé que quizás tuvieras grandes proyectos en mente en los que yo no estuviera. Ni se me ocurrió pensar que no te sintieras preparado para abrazar a nuestra anfitriona y entregarle a ella tu cuerpo, para liberar tu alma de sus ataduras mundanas. Sólo me dejé llevar por la extraña esperanza de comenzar un nuevo camino contigo incluso sabiendo que llegados a nuestro destino no regresaríamos. Siempre sería una huida hacia adelante. Un eterno caminar por senderos de los que jamás tuvimos noticia alguna; pero es cierto… no sentí temor, nostalgia, ni apego por los tiempos pasados. Sólo me sentía unida a ti en un abrazo eterno y sideral que nos brindaba la muerte como regalo de bienvenida. Y yo necia de mí (cegada por un amor que incluso ahora me desborda), creía que tu vida anterior había sido una existencia plena e iniciabas el viaje con el mismo entusiasmo con que yo lo hacía.

9 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho... Caminar juntos hasta un final incierto pero que inexorablemente está ahí delante sin darse siquiera cuenta de que la persona que la acompaña quizá no desee ese final al que se acercan...

    Amor, egoísmo, cierto tipo de ceguera, amor... Todo ello se une en tu relato para darnos esa sensación de ser la propia muerte que los acompaña, viendo desde lejos como se desarrola toda la acción.

    Me gusta!!

    Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

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  2. Tendemos a pensar eso muchas veces, tendemos a extrapolar sentimientos, ilusiones, sueños, con otras personas sin consultarlas antes...

    Quizás es el amor o la propia vida la que nos incita a ello, sin embargo darse cuenta cierto tiempo después de que la otra persona no sentía ni la mitad de lo que sentías, es algo que deja roto a cualquiera.

    Tu historia me ha gustado, tiene ciertos aires nostálgicos que la dotan de sentimiento.

    Un abrazo.

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  3. La foto ni aposta, de verdad.
    Me gusta, como dice Niobe, la mezcla de sensaciones que transmite la historia.
    Un saludo!
    ;)

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  4. Gracias a todos por visitarme y dejar vuestra estela. La foto fue la que me dio pista para el título, porque aunque la acabé el mismo día que me puse a escribirla, no daba con un título que me convenciera, ni tampoco con una foto apropiada. Ayer por fin, tuve suerte con ambas cosas sí.

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  5. Wowww... no sé si será así o no, pero veo mucho de tí, de tu vida, en este escrito.
    Me ha gustado el final, no sé, la frase final.
    Y gracias por tu comentario a mi escrito, jo, me has animado mucho no, muchísimo. Me alegro mucho de que te haya gustado. Creo que tienes razón, es todo lo que yo también espero del amor... por desgracia es difícil que así sea pero en fin.

    Un besazo enorme.

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  6. Creo que, aunque se empeñen en decir lo contrario, amor y egoísmo son dos palabras que siempre van unidas de la mano, pese a que no sea lo correcto. Cuando amamos a alguien lo hacemos porque deseamos que esa persona nos haga felices, al menos en gran medida es así.

    Muchas veces no concebimos que dejar ir también es un acto de amor...

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  7. Ensamblaje perfecto! Título,imagen y palabras. Y diría que hasta el sonido.El paso del tiempo sobre el camino,como viento que imposible de atrapar.
    Un monólogo intenso,en donde sentimos la presencia de los dos personajes,como si escucharan impávidos a quien habla,a quien abre cuan llagas su corazón.
    Un abrazo!

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  8. Creo yo que ahí se refleja un poco de rabia oculta. Y quizá éso es lo que le da el mejor toque, ese rencor que le da veracidad al cuento. Seguramente saldría solo, se escribiría sin que pensaras, se escribiría como se tiene que escribir...
    un besote!

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  9. Supongo que tenéis razón, me deje llevar por el recuerdo y las palabras se escribieron con la rabia de haberlo dado todo y no haber recibido en la misma medida. Siempre he creído que el amor es dar, pero no es menos cierto que no se puede mantener una relación de ese tipo si siempre es la misma parte quien se desvive y aporta todo. En fin...

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