

El regreso ha sido maravilloso. Si tengo ocasión os cuento el viaje, pero de momento sólo os diré que antes de salir de allí, he terminado hoy La Catedral del mar y casi de inmediato me he puesto a leer El niño con el pijama de rayas, con tan mala suerte que no he podido parar de leerlo hasta que el desenlace me ha dejado un poso de tristeza traducido en lágrimas (eso ya en el tren, cuando habían transcurrido poco más de dos horas desde mi partida). Y no, el méritos no es mío, por leerlo en tan poco lapso de tiempo, sino por el precioso obsequio que se esconde tras sus páginas. Maravillosa lectura que os recomiendo. Fácil y sencillo, pero de esos libros que te hacen vibrar.
Por cierto, no es que La catedral desmerezca, pero es que hacía mucho tiempo que no recordaba ser capaz de leer un libro en un único día. Cualquiera de los dos títulos es muy apetecible.
Pues sí, merece la pena leerlo y es muy facil de leer ( yo lo leí en un día. Por encontrarle algun fallo, sería que el niño es demasiado inocente, el final sin duda es lo mejor. Un beso.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo, por momentos la ingenuidad del niño llegaba a desesperarme. El final es de los que apetece leer y releer y llorarlo y rellorarlo. Gracias por pasarte por mi blog. Un abrazo.
ResponderEliminarCuriosamente acabo de escribir una entrada donde ha salido el tema del tiempo en los trenes, también tengo otra entrada sobre el niño del pijama, asi que veo que tenemos varias cosas en común. si te kieres pasar, estas invitada.
ResponderEliminarvoy a seguir cotilleandote un poco, ejje.
un saludo!