Supongo que este estado de nervios es normal en todos, pero no puedo evitar mirar una y otra vez a mis compañeros: están todos muy elegantes y no puedo impedir que la emoción me invada. Sé que estoy viviendo un momento mágico... histórico. Casi todos llevamos a modo de amuleto, un ejemplar de nuestro pequeño hijo de papel. Nos sentamos en semicírculo, de derecha a izquierda, según el orden de intervención en el evento: Llum abre la comitiva, tras ella están algunos de los libros de segunda mano que venden en la librería; en la silla de al lado está Pedro; luego Carmen; Eli; Belén; Agustín; Mikel; Itziar y la última yo. Entre el público... caras amigas y conocidas con miradas de aliento y hasta de respeto nos miran. Trato de ver a alguno de mis amigos entre ellas, pero no logro encontrar a nadie. Intercambiamos opiniones y otros mientras tanto, posan con desparpajo ante la cámara de fotos, como si fuésemos autores ya consagrados. Es maravilloso estar aquí hoy. El olor a ca...