Otros locos maravillosos

18 de septiembre de 2008

ROMPIENDO UN MITO



Brian E.H.: "Todo comenzó cuando Blanquita se comió a sus cachorros."

Todo comenzó cuando Blanquita se comió a sus cachorros. Debió de hacerlo durante la noche. No pude evitarlo y me sentí culpable y vulnerable. De haber sido Copito de Nieve mi alarma habría sido aún mayor si cabe. Es cierto que en el mundo animal muchas especies acostumbran a hacer eso cuando se sienten asustados o alguna de las crías nace débil o enferma. No obstante, no pude evitar escandalizarme sin llorar por ello. Quería a Blanquita como a uno más de la familia y resultaba espantoso y dantesco imaginar un canibalismo así entre humanos.

Eso me hizo pensar que algo no iba bien en mi vida. Ciertamente en los últimos tiempos Pedro y yo habíamos tenido altibajos en nuestro matrimonio, ¿pero qué pareja no tiene alguna crisis en su historia? El comportamiento de Blanquita fue, por tanto, la chispa que encendió la mecha para poner en marcha mi cerebro y hacer balance de los últimos tiempos, de los últimos veinte años para ser exactos.
Viví una infancia feliz con el abuelo en su preciosa y cálida cabaña, desde que mi tía Dete egoístamente me entregó a él sin previo aviso. Al principio el abuelo se mostró huraño conmigo, pero poco a poco me fui ganando su cariño. No lo admitió, pero yo sé que le dolió mucho cuando la tía vino de vuelta y me llevó a casa de los Sesseman. Yo acusé el cambio: una ciudad jamás será equiparable a la belleza fresca y natural de aquellas maravillosas montañas de mi infancia y por supuesto el recuerdo siempre presente de mis queridos abuelo, Pedro, el perezoso Niebla, la abuela María, la madre de Pedro... sólo agravaron mi pesar. Echaba tantísimo de menos todo aquello que enfermé. No es que me trataran mal en aquella suntuosa casa de Frankfurt, pero yo estaba fuera de lugar. La señorita Rottenmeier era un poco remilgada y demasiado estricta, sin lugar a dudas, pero demostró tener cierto cariño hacía mí cuando caí enferma. Dejé con pena aquel mundo de lujo y confort, por mi amigo Sebastian (el mayordomo) y por la cariñosa señora Sesseman (abuela de Clara), pero principalmente por mi primera y única amiga del alma: Clara; aunque no podía evitar sentirme dichosa por mi regreso a mi querida montaña, lo cual me tuvo confusa por un tiempo.
Clara, viajó a allí tal y como me prometió en una de sus cartas, a pesar de los riesgos del viaje en su estado (ella por entonces se movía en silla de ruedas y sufría de asma). Su padre y su abuela, no quisieron contrariarla y prepararon la partida. También ellos la acompañaron (su padre llegó unos días más tarde). Fue un verano estupendo, la espera había merecido la pena... Además la dicha fue completa cuando un día sucedió el milagro: el siempre bondadoso aire de las montañas consiguió que Clara recuperase para siempre su movilidad. ¡Fue algo indescriptible! Lloro agradecida y emocionada por aquello, cada vez que lo recuerdo.
Luego, verano tras verano aquello se convirtió en costumbre, yo pasaba una o dos semanas antes en Frankfurt y luego ella, Clara, devolvía la visita con todo su séquito. Fueron días felices sin duda. Nuestro mayor entretenimiento, ya adolescentes, consistía en despistar a la estirada señorita Rottenmeier y fumar a escondidas algún que otro canuto; Pedro y yo ya nos habíamos besado alguna vez y bueno también había habido pequeños tocamientos... Cada año resultaba más difícil ocultar lo nuestro y a falta de otro sitio mejor, nos revolcábamos en el pajar, siempre pendientes de no ser descubiertos. Al abuelo no le hubiera agradado en absoluto, por mucho que apreciara a Pedro. Fuere como fuere, el hecho es que aquellos momentos de intimidad y de pasión acabaron en boda. Nos casamos en el pueblo en la iglesia de Dorfil.
Tras casarnos, abandonamos nuestras queridas montañas de los Alpes suizos y nos instalamos en Frankfurt muy cerca de la residencia de Clara y los suyos. Para ello Pedro tuvo que dejar su trabajo de pastor y yo empecé a dedicarme a la enseñanza y en mis ratos libres escribía. Pedro comenzó como ayudante del señor Sesseman (padre de Clara), pero pronto ésta se vio envuelta en el mundo del glamour y de la moda (se adaptó con suma facilidad a su recién recuperada movilidad en las piernas) y acordó con su padre que la persona más adecuada para llevar sus books y todos sus desfiles era Pedro. Yo siempre pensé que ya había superado su enamoramiento con él, pero admito que aquello no me complació lo más mínimo y empecé a inquietarme: viajaban por medio mundo y se alojaban en el mismo hotel... No sé, me sentía insegura. La abuela María, abuela de Pedro, intuitiva a pesar de su avanzada edad, sabía de mis temores y siempre intentaba quitarme tales ideas de la cabeza con argumentos de peso. Casi siempre lograba arrancarme una sonrisa. Mis sospechas se vieron cimentadas cuando un día al salir de un pub al que había acudido con una amiga, descubrí a Clara con la cabeza metida entre las piernas de Pedro (ambos en el coche de él, cuando en realidad deberían estar aún en Milán). Quise negar lo que habían visto mis ojos y demostré una entereza y una frialdad que estaba muy lejos de sentir. Esa misma noche él apareció en nuestra casa con una sonrisa en los labios que yo no supe interpretar si iba en mi honor o en honor al rato que había pasado con Clara en el coche. "¡Sorpresa hemos llegado hace un rato y no podía esperar a verte!" (sus palabras eran de un cinismo descorazonador, pero tampoco le dije nada. ) Consentí que su sonrisa no se desdibujara y lo que es más, logré fingir una alegría nada artificiosa. En fin, fui la viva imagen del cinismo, un mero reflejo de la proyección del suyo sobre el espejo de mi alma. Me dejé arrastrar por sus besos y sus caricias (sus manos siempre fueron hábiles para darme placer) y enseguida me vi transportada a un mundo de suspiros y jadeos que alejaron de mi cabeza por unos instantes, la odiosa imagen que se había estado perfilando una y otra vez en mi cabeza, durante toda la tarde. Llegué al clímax quizá con más intensidad que nunca, queriendo aferrarme al recuerdo de nuestros dos cuerpos yaciendo juntos, con la firme esperanza de no olvidar jamás aquel instante, sucediera lo que sucediera a partir de entonces. Grité como nunca antes lo había hecho y lloré de puro gozo.
Ése fue el comienzo del fin, aunque no quisiera admitirlo. Nos hallábamos en un bucle de mentiras que se unían unas a otras en interminable cadena. Empecé a ver mi cuerpo de otro modo y descubrí mi celulitis y alguna de las varices que amenazaban con salir a superficie en cualquier momento. Conocí también mi flaccidez en los brazos y comprendí que no tenía nada que entregar a Pedro salvo mi amor, en belleza siempre saldría ganando la rubia y hermosa Clara. Lo admití sin resentimiento, ni odio hacia ninguno de ellos. Me limité a asumir la realidad de mi nueva situación, de la nueva situación a la que nos enfrentábamos los tres... supe que nos haríamos daño, aún queriendo evadirlo. Ni siquiera los triángulos amorosos daban buen resultado en las películas de la televisión. Mis intentos por fingir que no sucedía nada, nunca me supieron a victoria sino a aplazamiento. Me sentía ilegal y extraña junto a ellos y no creo que ellos se sintieran mucho mejor que yo ante la situación que nos envolvía. Habían sido tiempos aciagos, pero por lástima, costumbre o amor él decidió dar de lado a Clara y regresó conmigo (en ningún momento había dejado de estarlo.) No hubo reproches por mi parte, pero sí hubo en mí un nuevo aire triunfalista que me hizo creer invencible. Invencible hasta lo de Blanquita. Las muertes de Niebla, del abuelo, de Copito de Nieve y de la abuela María, no fueron nada comparable al mazazo que ha supuesto para mí, vivir lo que ha provocado en mi fuero interno Blanquita con su aparentemente natural comportamiento. Me parece una auténtica aberración y una burla que me enfrenta a mi doble moralidad. Es la brecha que se abre paso en mi ánimo y me enfrenta por fin al mundo real, no al mundo de arco iris en que crecí; sino al mundo con miles de pequeños matices donde también existen como antagónicos el blanco y negro. El mundo que hoy me anuncia por boca de Pedro que lo de Blanquita no responde a un acto natural de su especie, sólo confirma mi natural pesimismo y mi miedo ante lo desconocido. Me siento abrumada ante lo que revelan sus palabras: -Hace años Blanquita fue clonada con el previo consentimiento de tu abuelo, algo falló en el experimento pero hasta hoy no se ha desvelado de qué índole era aquel error. Sólo quisimos evitar tu contrariedad y tu disgusto. Lo hicimos por cariño, después de lo de Copito de nieve y lo de Niebla, sería un duro palo para ti... Le doy la espalda y salgo de allí sin acertar a qué decir o cómo interpretar todo lo sucedido. ¿Puede el cariño hipotecar la vida del ser amado?, ¿Con qué derecho nos erigimos en juez y parte de las decisiones que pueden afectar a la existencia de nuestros seres queridos? , ¿Dónde está la barrera entre lo moral y lo inmoral?, ¿Quién establece esa frontera? Son las preguntas que a ciencia cierta nunca seré capaz de responder.

7 comentarios:

  1. Os pido disculpas a todos por mi enorme metedura de pata (por partida doble). Hasta hoy no me he metido en le blog a visualizar la ntrada y me he llevado la desagradable sorpresa de comprobar que faltaba el último párrafo (cinco líneas) que se veían como una raya a continuación del supuesto final. Para arregarlo, no me ha quedado otra que republicar porque con lo de "Leer más" era imposible o al menos no se me ha ocurrido otro modo de hacerlo. Con ello han desaparecido también vuestros comentarios (irrecuperables por lo que estoy comprobando) puesto que por fecha los pusísteis antes del día de hoy. Un auténtico desastre, ¡vaya!

    También había uno mío donde indicaba el motivo de esta Heidi que tampoco me agrada, María. Soy auténtica forofa de la serie que la dio a conocer (me aprendí la canción en japonés y todo). Pero es que en el mundo real, mucha gente de mi entorno me llama "Heidi" en honor al personaje (supongo que porque aparento menos edad de la que tengo y por mi carácter. También porque vagamente tengo cierta similitud física con el dibujo animado). En fin, sólo pretendía con mi historia, lanzar un órdago a la grande y sorprender, para desvincularme de ella o para hacerla más humana. Se ha tratado más de una protesta por mi parte que de un intento de derrocarla. Soy partidaria desde hace años de que la emitan nuevamente y si no... me la acabaré comprando (no me importaría pagar por verla una y mil veces). En fin... un saludo y perdonad la supercagada (con perdón).

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  2. No pasa nada,por mi parte ningún problema y además,la historia pudimos leerla :)
    Esto de la informática nos la puede jugar a cualquiera en cualquier momento asi que por la siguiente historia!
    Animo!!
    Un abrazo

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  3. Jajajajaja

    Me ha parecido muy intenso, divertido y curioso!!

    Inventarse el futuro de los personajes y desmitificarlos como t� bien has puesto en el comentario me parece muy, muy divertido.


    Un saludo!

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  4. Me gusta la visión terorífica y disparatada de este relato...

    Siento y pido disculpas por ello..no poder publicar nada aún en el cuentacuentos...prefiero hacerlo cuando mi imaginación se expanda y mi tiempo se alargue..uff..cosa que no creo en al menos dos semanas..
    Procuraré hacerlo para poder estár a la altura de ser una "CUENTISTA" invitada y del placer de compartir contigo...
    Un beso enorme

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  5. Pues me ha gustado y mucho... por cierto, recuerdo la impresión que me dió cuando mi Fistra hizo lo mismo con sus gatitos... estuve días dándole vueltas a la cabeza, nunca lo había hecho antes... y además me surgieron muchas preguntas comparativas, pero en fin... ni sabría responderlas, al igual que las que se enuncian en tu post. Un abrazo, y gracias por tu visita.

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  6. Me has destrozado parte de los recuerdos de mi niñez. Jamás pensé en un final tan terrible para mis personajes favoritos de los Alpes.

    Bueno, es otra manera de ver la historia.

    Felicitaciones por tu blog.

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  7. Muy bueno. jajaja.
    Esta transportación de la inocente Heidi hasta nuestros días y de una vida humilde a una de lujos y mentiras, donde Pedro se convierte en un manager de una afamada modelo me ha entretenido muchísimo. Felicidades está muy logrado. Me has librado de un rato de trabajo en un domingo aburrido. un saluso

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